miércoles, 20 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 6 

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗢𝘃𝗶𝗱𝗶𝗼 𝗔𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼, 𝗲𝗹 𝗕𝗶𝘆𝗶

Recuerda sus días de estudiante. Se conocen con Leonel Gaitán desde 1970, después se encuentran en el Colegio Universitario y en la Facultad de Ingeniería Química. Vivieron en varios domicilios y comenzaron a militar juntos en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

A mediados de 1980  detienen a Leonel. De esto se enteran por Elena (era su novia), a quien alguien llama para avisarle. El abogado ni siquiera se anima a presentar un Habeas Corpus. Cuando sale de su detención, le cuenta de las torturas a las que fue sometido en la GIR y en Inteligencia de la provincia, sita en San Martín y Obispo Gelabert. Varios meses después lo trasladan a Rawson, de donde sale en libertad.

Y la justicia? Bien, gracias: supo que  el juez Brusa le toma declaración encapuchado.

𝗥𝗶𝗰𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗚𝗮𝗹𝘃á𝗻, 𝗲𝗹 𝗧𝘂𝗿𝗰𝗼

El 10 de abril de 1980 trabajaba en una fábrica de mosaicos (Lombardi) en Santa Fe, cuando llegan algunos hombres, lo sacan afuera, lo esposan y se lo llevan, sin mediar ninguna orden, ni siquiera oral. Su primer destino es Inteligencia de la provincia, que está en San Martín y Obispo Gelabert, allí lo mojan y le pegan con correas. Pide ir al baño y a la vuelta un policía lo interroga y les ordena a otros que le sequen el calabozo y le den comida.

Al otro día le vuelven a pegar y, en un momento dado, le sacan la capucha y uno de ellos les dice que es amigo de su hermano (Rodi). Se da cuenta que es Breson, escribiente de Quirelli (juez federal), que iba siempre con los Palamedi.

Su hermano le preguntó a Brusa sobre él, y éste lo negó.

Se acuerda de un capataz del Frigorífico  Nelson que murió mientras él trabajaba allí. Con varios compañeros más habían formado una agrupación por distintas reivindicaciones. Después de 10 días lo llevan a la comisaría 5ta. , donde se reencuentra con todos los presos de Laguna Paiva. Les inician una causa por Asociación Ilícita y tenencia de armas, que al tiempo tienen que desestimar. Es liberado el 10 de abril de 1984.

Una vez en libertad, pasa por distintos trabajos. Una compañera de trabajo lo lleva a su casa para hacer distintos arreglos y durante su visita vuelve el marido, que era policía. Él lo reconoce como un tal González, uno de los que lo había secuestrado y pegado.

Uno de los policías de Paiva (Solís) le dijo: a estos negros tendrían que haberlos matado a todos en el ’55. Son todos comunistas... Estuvo con todos los Páez y cada uno de ellos contó algo de su caída. Luego, les dijeron que los llevaban a Coronda, pero, en lugar de ello, van a parar al penal de Rawson. Desde allí recuperarán su libertad.

𝗖𝗹𝗮𝘂𝗱𝗶𝗮 𝗔𝗹𝗲𝗷𝗮𝗻𝗱𝗿𝗮 𝗚𝗮𝗹𝘃á𝗻

Recuerda que cuando se llevaron a su papá (Ricardo Galván) todos ellos eran chicos. Tuvieron que ir a vivir con sus abuelos para que la mamá pudiera buscar a su papá, que estaba desaparecido. Ella es la única que se queda con su mamá. Finalmente, lo encontraron golpeado y detenido.

No entendió en ese entonces qué le pasó a su papá, pero ahora que es grande, sí. “𝘝𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘢 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘢𝘳 𝘢 𝘮𝘪 𝘱𝘢𝘱á, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘴𝘪𝘯 é𝘭 𝘺 𝘴𝘰𝘭𝘰𝘴”. Después de un año, fue a vivir con sus abuelos y nunca más vio a su mamá. Cuatro años sin verlo, dos veces fue a la cárcel.  

Tenía 11 años.

𝗙𝗿𝗼𝗶𝗹á𝗻 𝗔𝗴𝘂𝗶𝗿𝗿𝗲

Cuando lo secuestran tenía 17 años. Lo hace la patota del ’76: "Mono" Jaime, "Pollo" Colombini, "Morrongo" Martínez, Valdés, Insaurralde. Dalmacio Vázquez, quien era policía, dice que vio a Martínez Dorr llevarse en brazos a Alicia López, moribunda o ya muerta. El mismo fue detenido y estuvo a disposición del PEN. Lo reintegraron sin uso de armas ni uniforme. 

Cuando lo liberaron, lo pusieron en el régimen de Libertad Vigilada, por lo que tenía que firmar su presencia cada tres días y cada 15 concurrir a los altos de la comisaría 4ta. para lo mismo. A veces le hacían amenazas veladas.

Recuerda a sus compañeros de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que fueron violentados y golpeados más que él y eran más chicos, sin tantas armas para entender lo que les estaba pasando. No se comprende cómo lo pudieron hacer.

En democracia, con sus abogados que fueron, en primer término Coco Pedraza y luego Horacio Coutaz, logró llevar a juicio y  condenar a uno de sus verdugos, Martínez Dorr.

martes, 19 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 5

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇

Comienza a dar detalles sobre sus convicciones personales y su experiencia laboral como obrero, señalando su percepción de la justicia y cómo fue tratado durante su detención. Menciona aspectos cotidianos y privaciones de su encierro: "𝘔𝘦 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴, 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘰 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴 𝘯𝘰 𝘴é, 𝘮𝘦 𝘥𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘢𝘯𝘤𝘪𝘵𝘰 𝘮𝘪ñó𝘯 𝘺 𝘶𝘯 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘴𝘰𝘱𝘢". Relata cómo estuvo colgado y las interacciones o discusiones entre el personal que lo custodiaba (mencionando apellidos como Ramos y Solís) al momento de moverlo o registrar su ingreso al calabozo.

Describe la disposición física del lugar donde se encontraba cautivo, haciendo alusión a un cuartito, las paredes de la época y la presencia de otras personas detenidas en las esquinas o celdas contiguas, incluyendo a un policía de apellido Segovia.

Detalla las intimidaciones que recibió para prestar declaración bajo coacción: "𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢𝘤𝘩𝘰 𝘥𝘪𝘤𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵á 𝘪𝘯𝘥𝘦𝘤𝘪𝘴𝘰 𝘴𝘪 𝘷𝘢 𝘢 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘳... 𝘴𝘪 𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢 𝘷𝘢 𝘢 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘪𝘳 𝘢𝘭 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘷𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘪é𝘯". A raíz de esto, explica que terminó firmando un documento sin leerlo ni recibir lectura del mismo...

Describe la metodología de los tormentos físicos. Señala que intentaba mirar por debajo de la venda para ver cuándo venían los golpes ("venían a pegar garrotazos"). Relata: "𝘈 𝘮í 𝘮𝘦 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘨𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘺 𝘮𝘦 𝘱𝘰𝘯𝘦𝘯 𝘢𝘩í 𝘢𝘳𝘳𝘪𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘷𝘦𝘴𝘢ñ𝘰... 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘴𝘱𝘰𝘴𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘺𝘰 𝘮𝘦 𝘮𝘰𝘷í𝘢 𝘺 𝘮𝘦 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮á𝘴". Menciona que le aflojaron las esposas en dos oportunidades y que le tomaron declaración en un sector que parecía un sótano.

Vincula recuerdos de su vida como trabajador de la construcción con la vecindad de la vivienda de Eduardo Enrique Riulli. 

Explica una frase que le habría dicho Riulli durante los tormentos para instarlo a ceder: "𝘕𝘰 𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘢 𝘭𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘢 𝘊𝘢𝘵𝘢𝘭𝘪𝘯𝘰..." Precisa que esto ocurrió durante los primeros interrogatorios, estimando la fecha entre el 5 y el 10 de un mes determinado, poco después de su detención el día 3.

Comenta las referencias del entorno que alcanzaba a oír, como los gritos provenientes de la cancha del club Unión durante los partidos de fútbol o la cercanía de una escuelita, elementos que en su momento lo confundían respecto a la localización exacta del predio.

Ante la pregunta de cómo transcurrieron esos 25 días de detención, resume la rutina de violencia afirmando que consistía en "𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘳𝘰𝘨𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘨𝘢𝘳𝘳𝘰𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰... 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘰𝘴 𝘰 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘦𝘤𝘩𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘢𝘨𝘶𝘢".

Retoma anécdotas de su actividad gremial u obrera y las discusiones con las patronales de la época relativas a aumentos salariales del 10% y las suspensiones o despidos que enfrentaba debido a sus reclamos. Desde la GIR es llevado al penal de Rawson.

𝗔𝘂𝗿𝗼𝗿𝗮 𝗚ó𝗺𝗲𝘇, esposa del testigo anterior. Relata que el 3 de abril de 1980 su esposo fue detenido, durante la madrugada por policías y militares, que  golpearon y patearon las puertas, alcanzó a calzarse y salió en paños menores, lo esposaron. Hicieron gran revuelo en la casa, los niños se despertaron y lloraban. La mayor de 7 años. Los sacaron afuera mientras  buscaban armas. Traían armas largas. Había camionetas y a él lo subieron a un camión, sin orden de detención, entraron de prepo y a los gritos. Lo tuvieron esposado contra la pared.

No le dijeron adonde lo llevaron. Al otro día fue a la comisaría a preguntar si estaba detenido, le dijeron que no. Así transcurrieron casi 30 días en que estuvo desaparecido. Al único que conocía era el comisario Mendoza y a Riulli que era del pueblo, disc jockey muy conocido. De alguna manera su cuñado se enteró que estaba en la comisaría 3ra,  ahí le permitieron verlo  calcula que había bajado 30 kilos. Lo habían tenido colgado y fue torturado, lo llevaron del calabozo al patio y ahí pudieron conversar. No le daban alimentos, alguna vez

 Ahí recibió visitas los sábados, ella organizaba las visitas llevando 2 por vez, por último las nenas no querían ir porque las requisas eran rigurosas, las toqueteaban. 

Su cuñado también estuvo detenido, él supo quedar sin habla por un tiempo largo por las torturas que recibió, su hermana era la mujer y por eso lo conocían. 

Las edades de sus hijos eran uno de 11 meses, 3, 6 y 7 años. Tuvo que salir  a trabajar en casas de familias,  mientras  su mamá la ayudaba con el cuidado de los chicos.

 En 1984 salió en libertad,  cuando estuvo en Rawson los organismos de derechos humanos la ayudaron con pasajes y hospedaje y siempre llevaba los niños, ahorraba unos pesitos para poder ir. Las visitas eran por un vidrio, los chicos lloraban porque querían tocar al padre. 

 Vivian en Laguna Paiva, y cuando recupera la libertad  luego de 4 años, sin trabajo, era ella la que trabajaba. Finalmente él se dedicó a la construcción, después entró al ferrocarril. 

Ella entró a una clínica con un sueldo y así comenzaron a salir adelante. 

𝗬𝗮𝗻𝗶𝗻𝗮 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇, 50 𝗮ñ𝗼𝘀. 

Tenía 5 años para 6, era la madrugada y estaban durmiendo cuando  golpearon la puerta, a los gritos. Se llevaron al papá. Le pedían que  no se lo lleven, la  mamá los contenía y a la vez preguntaba “Porque se lo llevan?”. Vivían con su abuelo de parte de su mamá, al fondo de la casa de sus abuelos, en un ranchito. Su hermana tenía 7 años, otro de  3  y un bebé. Después de un mes supo que estaba detenido en Santa Fe, y lo empezaron a ver. 

La madre  preguntaba donde lo tenían, hasta que supo que estaba en Santa Fe. Lo volvió a ver cuándo le dieron permiso para recibir visitas, en las requisas ella era manoseada, así que no quiso volver. 

Su papá trabajaba en un frigorífico, tenían un gremio para la defensa del personal y estaban con el tema de los sueldos mal pagos.

En los 4 años que su papá estuvo detenido la madre salió a limpiar casas para darles de comer.

𝗛𝘂𝗴𝗼 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗦𝗶𝗹𝘃𝗮,  79 𝗮ñ𝗼𝘀.

 Trabajaba en el ferrocarril y un día a la salida,  lo esperaba un comisario de Laguna Paiva y le dijeron lo tenían que  tutelar. Le explicaron que a lo mejor era un mal entendido, lo metieron en un calabozo, a la noche su familia fue a preguntar y negaron que estaba ahí pero en realidad sí  estaba. Al otro día lo subieron en un Falcon verde, iban muy rápido por el camino a Nelson, luego fue encapuchado, lo tiraron al piso y comenzaron a golpearlo. Al llegar a un destino durante una semana fue esposado a  una puerta y colgado ahí  le pegaron mientras era interrogado y  le echaban agua fría. Reconoció la  voz de Riuli ya que salía a hacer propagandas y animaba fiestas. Era simpatizante del PRT  participó en un congreso en  Tucumán, Chaco y Córdoba. De ahí lo  llevaron a la comisaria primera, a cargo del comisario Córdoba, estuvo sin capucha. Luego lo llevaron a tomar declaraciones con Bruza, que se presentó como juez. Estuvo 1 año y 2 o 3 meses en la GIR  y de ahí fue al penal de Rawson. De allí lo trasladaron a la cárcel de Caseros, de La Plata y finalmente a la de Devoto, de donde recupera la libertad  el 16 de febrero de 1983. Estuvo preso por la Ley 20840, por comentarios supo que tuvo una condena de 3 años y medio.

Víctor Hugo Silva, 52 años

Hijo de Hugo Alberto Silva, tenía 6 años, cuando llegaba de la escuela vio como en su hogar estaba la policía y lo llevaron detenido a su padre. Recuerda perfectamente ese momento y le preguntó a un policía porqué se lo llevaban  y le dijeron que era un trámite. Su padre estuvo un tiempo desaparecido, lo volvió a ver en la GIR.  Uno de los que lo detuvo fue un policía Mendoza, también supo que su padre reconoció la voz de Riulli, ya que grababa con su voz publicidades, recorriendo Laguna Paiva con una “callejera”  

Con el tiempo supo que estuvo  en muchos lugares hasta que llegó a la GIR, donde lo pudo visitar. 

Su padre estuvo en Rawson y otras cárceles. Fue una época muy dura, pudieron subsistir gracias a la ayuda de abuelos, tíos y a que su madre trabajaba en casas de familia.

Se negó a responder lo que su padre le dijo sobre las torturas.

𝗟𝗲𝗼𝗻𝗲𝗹 𝗢𝘀𝗰𝗮𝗿 𝗚𝗮𝗶𝘁á𝗻. Detenido desaparecido y luego condenado.

El 24 de julio de 1980 fue interceptado en la  vía pública en calle San Martin y Lisandro de la Torre, mientras estaba charlando con un ex alumno del Colegio Industrial, le dio tiempo de dejarle el número de teléfono de su novia para que le avise, algo que hizo.

 Lo llevaron caminando hasta la jefatura, por averiguación de antecedente, uno le dice: así que te querés ir de la provincia?. En realidad estaba buscando trabajo en el Chaco, pero no lo contrataban porque los servicios de  inteligencia lo estaban buscando. Intenta entrar en Centro de Cómputos pero  no le permiten ingreso por un informe negativo. Allí le aconsejan que se vaya del país, tenía pensado ir a Venezuela.

 Al otro día le dieron la libertad, pero a la salida  lo subieron a un auto y lo llevaron a Obispo Gelabert y San Martín. Lo interrogaron sobre su militancia, con quienes había vivido, a lo que dijo que era de la JUP  y que vivió en el Colegio Mayor. Recibió golpes y a las 4 de la mañana lo llevaron a una casa en un lugar descampado, ahí lo torturaron, simularon un tiro y le tomaron una declaración que lo obligaron a firmar. El 28 fue trasladado a la GIR, le sacaron la venda delante de Perizotti. Estuvo solo alrededor de 1 mes y después fue a un pabellón donde conoció a los compañeros de Paiva. Recuerda a Catalino Paez, Arrazcaeta, Alsogaray y otros, en julio de 1981 fue trasladado a Rawson recuperando la libertad el 14 de diciembre de 1982

𝗥𝗮ú𝗹 𝗖𝗵𝗶𝗮𝗿𝘁𝗮𝗻𝗼. Testigo de Leonel Gaitán. 

Raúl fue detenido en Rosario en julio de 1976, recuperando la libertad en  abril de 1979. Pertenecía a la JUP y a Montoneros con Leonel compartieron carrera, vivienda y militancia Supo que en 1980 fue detenido,  en esa época ya residía en Córdoba.

Si bien fue detenido en Rosario, como toda su actividad la había desarrollado en Santa Fe, le abrieron una causa legal en ésta ciudad, en esa circunstancia lo conoció  a Brusa.

De este modo además de estar a disposición del P.E.N.,  tuvo  causa a cargo del Juez Mántaras. En 1977 en la cárcel de Coronda, lo llevaron a un lugar donde estaba Brusa para tomarle declaración. Fue una  mala experiencia ya que querían  inculparlo de hechos delictivos.  El interrogatorio fue áspero ya que se negó a firmar, fue amenazado con llevarlo nuevamente a sala de torturas y golpeado con total impunidad y cobardía. 

La defensa Interrumpe alegando que se sale del marco, ya que fue citado como testigo de  Gaitán.  

El tribunal no hace lugar, ya que la pregunta es sobre la conducta de uno de los acusados.

Continua explicando que recibió notificación de sobreseimiento provisorio, nunca vio al juez Mántaras ni a un abogado defensor, solicitó sobreseimiento definitivo lo que  fue negado, al salir en libertad en abril de 1979 comienza a  gestionarlo, cuando lo logra, nuevamente se cruzó con Brusa que lo vuelve a amenazar.

Termina con la siguiente reflexión: “𝘘𝘶𝘦𝘳í𝘢 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘳𝘭𝘦𝘴 𝘢𝘭 𝘵𝘳𝘪𝘣𝘶𝘯𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴, 𝘭𝘢𝘴 𝘷í𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘕𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘨𝘢 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘥𝘢. 𝘚𝘪 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 45, 50 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘢𝘵𝘳á𝘴... 𝘺 𝘭𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘵𝘢𝘳𝘥𝘦, 𝘯𝘰 𝘦𝘴  𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘴𝘢𝘯𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘪𝘥𝘦𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘥𝘰. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘮𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘥𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘺 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘴𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘈𝘳𝘨𝘦𝘯𝘵𝘪𝘯𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰... 𝘕𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘦𝘨𝘶𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯𝘻𝘢, 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘢í𝘴 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘢. 𝘚𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘰 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘮𝘰𝘴. 𝘓𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴  𝘺 𝘦𝘭 𝘭𝘰𝘨𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘢𝘳𝘢𝘯𝘵í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳 𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘢𝘴, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦  𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘢𝘣𝘦𝘳𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘢𝘯 𝘢 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳. 𝘈𝘴í 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘨𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘴𝘰 𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘩𝘢𝘣𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢𝘥𝘰.”

jueves, 14 de mayo de 2026

CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 4. 2da parte. 

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔

 𝗝𝗲𝘀ú𝘀 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗣á𝗲𝘇 - 52 años

Ante la pregunta del juez sobre si él y su familia fueron detenidos durante la última dictadura cívico militar responde que sí. Fue en el mes de febrero de 1980 y estaban jugando en su casa  porque era el día del cumpleaños de su hermano Ramón. Él tenía 6 años.

Cuenta que llegaron unas personas que les desparramaron todos los juguetes, no recuerda bien el horario pero supone que era  a la tarde. También recuerda andar caminando en la zona del horno donde había un salón grande que era como una matera donde se juntaban todos a tomar mate. Estaban los empleados y una cantidad de personas con armas, él andaba allí a las vueltas, tal vez no se daba cuenta lo que estaba pasando. Luego se fue a su casa y no sabe qué ocurrió el resto del día. Eran  muchas personas y había gente por todos lados.

Su próximo recuerdo es haber andado caminando por Zárate, pero no sabe cómo se fueron, y luego haber estado en una casa donde jugaban con otros chicos. También estuvo en una guardería o algo así. Allí se quedaron hasta que llegó su mamá. Estaba con dos de sus hermanos, supone que cuando volvió su mamá fue que se reencontró con el resto.

Se fueron para el norte, no recuerda bien si Huanqueros o Esteban Rams donde vivía una tía.

Ellos vivían en Paiva, recién de grande supo que se fueron porque su padre trabajaba en un frigorífico pero no sabe bien por qué.

No puede precisar sobre el tiempo que pasó hasta que volvió a ver a su papá y a Mario, sí que iban a visitar a su papá a la cárcel pero no recuerda  cuál. Tiene poca precisión respecto a estos hechos, no lo hablaba con sus hermanos. Sabe que estuvo en Coronda, Rawson y Devoto

Su madre le contó cómo fue la detención, sabe que estuvo presa con Mario en Santa Fe pero no dónde. No hablaba mucho con su padre sobre el tema, todo lo sabe por su mamá, también por Mario y alguno de sus tíos.

Su madre fue golpeada cuando los detuvieron, fue Riulli quien le pegó, ella en un momento se levantó la capucha y  lo vio. Pero su padre fue más torturado.

Ya en libertad, su papá  vio a  Riulli en Laguna Paiva porque era animador de fiestas. Fue a hablar con el Intendente  para decirle que era un represor, y allí comenzó a conocerse quién era Riulli.

Se emociona mucho al final, dice que no comprende por qué sucedió todo eso.

 Mónica, su hermana mayor, se hizo cargo de todos ellos.

 Después del secuestro de los padres su situación económica empeoró.  Era una familia muy humilde, muchos hermanos, pero luego de que se llevaran a sus padres y el hermano mayor, no tenían quién los ayudara más que Mónica y  otro hermano.

“𝙇𝙖𝙨 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙚𝙘𝙪𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙛𝙪𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙢𝙪𝙘𝙝𝙖𝙨; 𝙣𝙤 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙖𝙩𝙚𝙣𝙘𝙞ó𝙣, 𝙩𝙖𝙢𝙥𝙤𝙘𝙤 𝙪𝙣 𝙢é𝙙𝙞𝙘𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙪𝙡𝙩𝙖𝙧. 𝘾𝙪𝙖𝙡𝙦𝙪𝙞𝙚𝙧 𝙚𝙣𝙛𝙚𝙧𝙢𝙚𝙙𝙖𝙙 𝙡𝙖 𝙖𝙛𝙧𝙤𝙣𝙩á𝙗𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙨𝙤𝙡𝙤𝙨, 𝙚𝙨𝙤 𝙣𝙤𝙨 𝙖𝙛𝙚𝙘𝙩ó 𝙥𝙤𝙧 𝙨𝙪𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙤”

Cuando volvió el padre se despertaba muchas noches gritando, y  su hermano Mario también. Mónica quedó mal, con muchos problemas de salud. Respecto a qué espera  de este juicio responde que una condena, ya que ninguna razón justifica lo que hicieron. Recién aquí se le quiebra la voz y se emociona mucho recordando los relatos de sus padres y familiares.

𝗖𝗲𝗳𝗲𝗿𝗶𝗻𝗼 𝗠𝗮𝗿𝗰𝗼𝘀 𝗣á𝗲𝘇 - 47 años

Comienza diciendo que cuando llegaron a Laguna Paiva su madre fue relatando lo que había  sucedido. Su padre era empleado del Frigorífico Nelson, formaba parte de un sindicato que defendía a los trabajadores y por ese motivo pasó a ser un perseguido político. Debido a esta situación se vieron obligados a dejar la casa; anduvieron por diferentes lugares hasta que se establecieron en Lima, Provincia de  Buenos Aires. Comenzaron a trabajar en una fábrica de ladrillos y ahí fue donde los secuestraron de forma muy violenta. Su madre fue arrastrada de los pelos a pesar de estar embarazada. Su padre sufrió días de tortura y su hermano Mario, el mayor, fue detenido siendo menor de edad. Además, la casa fue prácticamente destruida.

A partir de ese momento vivieron situaciones de mucha carencia, de abandono.

Quedaron a cargo de Mónica, su hermana de 12 años. Ella tuvo que empezar a trabajar, no solo habían destruido la casa sino que los habían dejado sin ninguna clase de sustento. Ante la situación hizo una denuncia en la comisaría, pero la respuesta fue que  probablemente sus padres estuvieran muertos.

Luego comenzaron a  recibir ayuda, cree que de la Cruz Roja y algunos familiares. De todas formas no era posible quedarse con ellos ya que la situación política era muy difícil y probablemente no quisieran tenerlos.

Aproximadamente al mes su madre fue liberada. No los encontró inmediatamente, pero luego de varias averiguaciones  lograron juntarse,

Luego de reunirse todos, se fueron a vivir cerca de San Cristóbal, y allí estuvieron aproximadamente un año; fue muy difícil la situación debido a los problemas económicos. Volvieron a Laguna Paiva y su madre reconoció a Riulli caminando por la calle. También estaba viviendo allí.

Expresa que se siente  agradecido de poder hablar, quisieran decir más de lo que está diciendo. Su padre siempre pensó que el tiempo y la democracia iban a poner las cosas en su lugar, además, que el sentido común y la justicia les iba a devolver la dignidad y la paz que estos delincuentes les habían robado.

𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗗𝗲𝗼𝗹𝗶𝗻𝗱𝗮 𝗜𝘁𝗮𝘁í 𝗣á𝗲𝘇  - 45 años. 

Su familia fue secuestrada, el 15 de febrero de 1980. Su madre estaba embarazada de ella, se enteró de los hechos siendo adolescente, a través del relato de su madre.

Vivían en Laguna Paiva, su  padre trabajaba en el frigorífico de Nelson y formaba parte del sindicato. Esta actividad comenzó a generarle  muchos problemas y cuando se produjo el golpe de estado  tuvieron que salir de Paiva porque corría peligro su vida y la de su familia,  Así fue  que llegaron a Lima (Pcia. de Buenos Aires)  su papá, mamá y sus dos hermanos más grandes: Mónica y Mario comenzaron a trabajar en una ladrillera.  

El 15 de febrero llegó un grupo de gente, algunos salían de un maizal y entraron violentamente a la casa donde su mamá estaba cocinando. La hicieron arrodillar, la golpearon y un hombre que su madre reconoció como Brusa le preguntaba por su marido. Le decía que hablara y no se dejara pegar. Pero comienzan a pegarle porque ella sostenía siempre lo mismo. María Itatí aún no había nacido, estaba en el vientre de su madre, en el tercer mes de embarazo.

Cuando fue mayor empezó a preguntar y sus hermanos le contaron:

Que su hermano Mario estaba arreglando una bomba de agua, fueron a buscarlo apuntándole. Su hermano tenía 14 años. Su hermana Mónica estaba en la casa de la vecina con sus dos hijos pequeños. Cuando llegó su papá, los subieron a los tres a un vehículo. Ahí comenzó todo el terror: los secuestraron, los torturaron y mis hermanos quedaron solos (no puede seguir), mi hermana siendo una niña se convirtió en madre protectora. Uno de sus  hermanos aún tomaba pecho, estuvo días sin alimentarse porque era su único alimento y su  hermana para consolarlo le ponía el dedo en su boca para que succionara.

Mónica, con todos sus hermanos, tuvo que andar por muchos lugares tratando de encontrar dónde quedarse; pero las personas que conocían vivían en condiciones precarias con muchos hijos y no podían alimentar a tantos niños.

Después de recorrer distintos lugares llegaron unas personas de la Cruz Roja  para alojarlos en sus instituciones. Mónica, con 12 años,  pidió que no los separaran, pero no fue así. La separaron de los varones e incluso no supo a dónde llevaron a los más pequeños.  Aproximadamente al mes su madre recuperó la libertad y los buscó. Se fueron a Esteban Rams y después volvieron a Paiva.

Encontraron la casa destrozada, pero su madre no se dio por vencida y comenzó a trabajar de sirvienta; dejaba a los chicos en una guardaría menos a ella que la llevaba porque era muy chiquita.

Años más tarde su madre le contó a uno de sus hermanos que en el pueblo había una persona que había sido parte del secuestro: Riulli de apellido, una persona muy conocida en Laguna Paiva.

𝗠𝗮𝗿𝗶𝗼 Á𝗻𝗴𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇 . 61 años.

(Se incorporó la filmación de su declaración dada en el Juicio Laguna Paiva I, debido a su estado de salud)

La familia Páez vivía en Laguna Paiva (Santa Fe). Su padre trabajaba en el Frigorífico Nelson y era un activo militante gremial del grupo "La Lucha", defendiendo pacíficamente los derechos obreros.

Mario Ángel se sumó a la militancia pacífica en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) en defensa de las condiciones laborales.  Debido a la persecución política de la dictadura militar, en 1976 la familia debió abandonar su hogar para evitar que el Ejército la ocupara. Durante cuatro años vivieron en la clandestinidad, realizando trabajos rurales en distintas provincias.

El 15 de febrero de 1980, mientras se encontraban establecidos en la zona rural de Lima (Provincia de Buenos Aires) trabajando en un horno de ladrillos, un grupo de más de 20 personas armadas de civil llevó a cabo un violento operativo.

Mario fue sacado a la fuerza de un pozo de agua por un represor de apellido Riulli, quien lo usó como escudo humano. Su madre fue golpeada en el lugar. Poco después, su padre llegó en colectivo y fue esposado inmediatamente.

Los seis hermanos menores  (la mayor de ellos de 12 años y el menor un lactante) quedaron desamparados. Posteriormente fueron asistidos por amigos y la Cruz Roja, sufriendo la separación del grupo familiar.

Nota de la redacción:  ingresó con la foto de su padre, el tribunal pidió que se la saque antes de comenzar a declarar.

CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 4 . Primera parte.

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔

𝗠ó𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗣á𝗲𝘇 - 𝗵𝗼𝘆 59 𝗮ñ𝗼𝘀

La primera en presentar su testimonio es Mónica Páez.

Refiere que en 1980 su padre, su madre y su hermano Mario fueron secuestrados. Fue el 15 de febrero en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires. En las afueras de la misma vivía la familia y trabajaban en un horno de ladrillos. La familia Páez había vivido en Laguna Paiva, entre los años 1976-1977, pero se habían ido porque su padre era perseguido por su actividad como delegado en el frigorífico donde trabajaba. 

Frecuentemente se iban a la casa de una vecina para ver dibujitos en la televisión. Allí estaba con sus hermanos menores la tarde en que detuvieron a sus familiares. En un momento al mirar por la ventana vio que llegaba un grupo de personas armadas a su casa y estaban apuntando a su hermano Mario de 14 años. Luego le contaron que era la policía y que buscaban también a sus padres. 

 Pasaron la noche en la casa de la vecina y al día siguiente fueron a la comisaría de Lima junto con todos sus hermanos y el hijo del dueño del horno en el cual trabajaban sus padres (y también ella y su hermano Mario) para hacer la denuncia. Se la tomaron pero le dijeron que no tuviera muchas expectativas respecto de la aparición de sus padres y hermano.

Al día siguiente se fueron a Zárate donde sus padres tenían  familias amigas y allí se quedaron algunos días, porque frente a lo sucedido no querían tenerlos mucho tiempo. -“La gente tenía mucho miedo”- dice Mónica.

Vuelven a Lima, están dos o tres días y van a buscarlos en una trafic, seguramente de algún organismo oficial, y los trasladan a San Nicolás para llevarlos a hogares de menores. Allí la separan de sus hermanos pese a que les habían dicho que no lo harían. Mónica supone que habrán estado unos 15 o 20 días, no tiene precisión. Va a buscarlos su madre, que ha recobrado la libertad, y después de pasar por Lima para buscar alguna ropa siguen viaje para Esteban Rams a la casa de otro familiar.

Allí comenzaron a concurrir a la escuela. Ella se quedó en la casa de la maestra y sus hermanos iban todos los días a caballo desde la casa de su tía. 

Desde esta localidad venían a visitar a su padre que estaba en el D2 en la localidad de Santa Fe. Posteriormente ella se trasladó a esta localidad donde comenzó a trabajar en la casa de una familia. Cree que su padre estuvo detenido tres o cuatro años en diferentes cárceles hasta que salió en libertad desde  Coronda.

𝗠ó𝗻𝗶𝗰𝗮 𝘁𝗲𝗻í𝗮 16 𝗮ñ𝗼𝘀.

𝗥𝗔𝗠Ó𝗡 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗖𝗜𝗢 𝗣𝗔𝗘𝗭 - 𝗛𝗼𝘆 56 𝗮ñ𝗼𝘀

Relata el secuestro en 1980 .Vivían en Lima donde sus padres trabajaban en un horno de ladrillos. Era cerca del mediodía y estaba jugando a las bolitas en el patio. Escuchó gritos, ruidos, pero no prestó mucha atención ya que en la fábrica siempre había  muchos movimientos y ruido. Hasta que reconoció el grito de su mamá. Salió para la casa y se encontró con muchas personas con armas, escuchó muchos gritos y vio que  llevaban a la madre a la rastra. Recuerda y remarca que estaba embarazada.  

Lo llamaron desde la casa del vecino porque era una situación peligrosa. Escuchó ruidos de cosas rotas dentro de su casa. Vio gente que entraba y salía. Recuerda que había cumplido 10 años el día anterior. Estaban Mónica de 12 años, él de 10, Carlos de 8, Alberto de 6, y los más pequeños no recuerda exactamente las edades. Supone que Ceferino tendría aproximadamente un año y medio y César era más pequeño.

Se quedaron con sus hermanos en la casa del  vecino donde les dieron protección.  Cuando volvieron a su casa ya no estaban sus padres ni Mario, el hermano. Recuerda que estuvieron un par de días con los vecinos. La hermana le dijo que habían ido a hacer la denuncia en la comisaría de Lima. 

 Luego se fueron a Zárate donde había familias conocidas y estuvieron un par de días.   Primero en una casa donde solo había adultos y luego a la casa de otra familia donde había chicos, recuerda que jugaban y finalmente regresan al lugar inicial, Lima. Sus hermanos más chicos se quedaban en la casa mientras ellos trabajaban. Su hermana cocinaba pero también iban al comedor de una Iglesia. Relata el proceso del trabajo en la ladrillería, las conversaciones acerca de qué pasaría con sus padres, y remarca el rol fundamental que jugó su hermana para la supervivencia de todos.

Recuerda si bien con poca precisión el tiempo que estuvieron en el orfanato y la sensación de desamparo que fue separarse de la hermana. Los dos hermanos más pequeños no estaban allí. No recuerda cuánto tiempo estuvieron pero sí que lo fue a buscar su madre.

 Ante la pregunta de si se hablaba de este tema en su familia, responde que no, que se está enterando de muchas cosas recién en esta causa, por ejemplo de que su padre había estado detenido. Estuvieron en Esteban Rams y Huanqueros y finalmente volvieron a Laguna Paiva a la casa paterna.

De su padre sabe que estuvo detenido en diversas cárceles y también en Santa Fe. En la familia no se hablaba mucho de toda esa etapa. Comenta que se está enterando de muchas cosas en esta causa.

𝗥𝗮𝗺ó𝗻 𝘁𝗲𝗻í𝗮 10 𝗮ñ𝗼𝘀.

𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗜𝗴𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗣á𝗲𝘇 - 𝗛𝗼𝘆 53 𝗮ñ𝗼𝘀

Comienza diciendo que parte de su familia fue secuestrada en 1980. Fue el 15 de febrero en Lima, provincia de Buenos Aires. Su padre trabajaba en un horno de ladrillos. Llegó un grupo de gente de civil. Estaba con sus hermanos en la casa de un vecino cuando vio cómo sacaban a su madre de los pelos junto con su padre y su hermano y los subían a un camión. Ellos se quedaron con el vecino. Al otro día van a la casa y se encuentran con que prácticamente todo había sido destrozado. Recuerda que pensó qué harían con su vida solos, tampoco sabía lo que pasaba. No tenían dinero, comían lo básico gracias a la gente que les dio una mano.

Luego su hermana Mónica, que era la mayor, los llevó a todos a Zárate donde están dos días, ya que más no los podían tener. Luego a la casa de otra familia donde están tres o cuatro días pero tampoco los podían tener, así que vuelven a Lima (le cuesta hablar, se emociona mucho)

Recuerda que cuando volvieron a Lima estaba todo destruido, colchones, muebles…juntaban lo que podían y dormían todos juntos

Sus hermanos mayores comenzaron a  trabajar nuevamente en la ladrillería, él se quedaba cuidando a los más chicos y luego iba a la ladrillera para ayudarlos. 

Recuerda que los buscaron y los llevaron a un internado. Estuvo con Ramón y Alberto. Otros con una familia y otros en otro internado.

Su madre faltó un mes y pico y luego los fue a buscar. No recuerda donde estuvo la madre.

Hasta sus cuatro o cinco años vivieron en Laguna Paiva, pero debido a que su padre pertenecía a un movimiento político o algo así, se fueron a Esteban Rams a un campo de un familiar y estuvieron un año aproximadamente. Allí pudieron ir a la escuela por un año.

miércoles, 13 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 3

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

L𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗧𝗘𝗕𝗔𝗡 𝗥𝗔𝗠𝗦

Comienzan los testimonios con el de GRACIELA RITA PAEZ, ahora de 62 años. Cuenta que vivían a 30 km de Esteban Rams, localidad al noroeste de la provincia, Departamento 9 de Julio.  Su familia trabajaba un campo donde criaban animales (chivos, chanchos, vacas) y algo sembraban. Allí vivían su papá, su mamá y sus hermanos. Su casa consistía en un galpón de chapas, dividido adentro por otras chapas y que tenía ventanas en el dormitorio. En febrero de 1980 ve que llegan varios autos, entre ellos una camioneta que llevaba gente armada. Los hacen salir, los rodean y les dicen que levanten las manos. 

A ella la suben a uno de los autos y la llevan hasta la entrada del campo y luego la regresan. Allí la desnudan, la tapan con una sábana mojada y le pasan “máquina” (según sus propias palabras), siempre atada de pies y manos. Aclara que en su casa no había ni luz ni agua. Luego la hacen vestir y la dejan esposada a una garrafa. Luego le preguntan por el tío más chico, Cata (Catalino). Ella no sabía nada. 

A la tarde, luego de estar toda la mañana ahí, parten, según supo después, a Santa Fe, donde llegan de noche. A ella la meten en un cuartito, siempre atada y vendada, donde escucha a alguien que pide agua y que el policía contesta: si te doy agua quedás pata dura. Cree que sube escaleras. Los recuerdos se vuelven confusos, no recuerda la cantidad de días que está allí.

Después la trasladan a una comisaría, no puede precisar cuál. Le dieron comida y según su recuerdo, la trataron humanamente. Le dijeron que no cuente cómo había sido el trato ni que comía con ellos. Otro día la vuelven a vendar y la llevan, no puede precisar dónde, duerme y come con los ojos vendados.

𝗚𝗥𝗔𝗖𝗜𝗘𝗟𝗔 𝗧𝗘𝗡𝗜𝗔 15 𝗔Ñ𝗢𝗦

En ese lugar había mujeres, se da cuenta cuando estas hablan. Escucha a su mamá. Se encuentra con ella, sus hermanos y su tía Juana. Nadie sabía dónde estaban. Mucho después se entera que era el “dos” según dice (se trata del D2-Departamento de Informaciones de la Policía) y que el hombre que pedía agua era su padre. Perizzotti los lleva a ver al padre (Miguel) y les dice que si hubieran caído un poco más atrás, estarían en una tumba. Luego, los llevan a todos de vuelta al campo. A ella en un auto que hace varias paradas dejando recados y al resto en colectivo. Cuando llegan a su casa, ésta era una tapera abandonada. No quedaba un solo animal, no siquiera los perros que tenían. Los yuyos habían cubierto todo y adentro no quedaba ni un cuchillo.

“𝙈𝙞 𝙢𝙖𝙢á 𝙦𝙪𝙚𝙙ó 𝙘𝙤𝙣 𝙢𝙞𝙚𝙙𝙤. 𝙑𝙚í𝙖 𝙡𝙪𝙘𝙚𝙨 𝙮 𝙨𝙚 𝙚𝙨𝙘𝙤𝙣𝙙í𝙖, 𝙨𝙪𝙛𝙧í𝙖 𝙥𝙚𝙨𝙖𝙙𝙞𝙡𝙡𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝙫𝙚𝙣í𝙖𝙣 𝙖 𝙗𝙪𝙨𝙘𝙖𝙧“. Ella, a su vez, se casó a los 17 años y tuvo un hijo. Este tenía 4 o 5 años y ella también se escondía.

Al papá lo siguen torturando y lo llevan hasta una ladrillería (ella no sabe dónde) para que vea cuando lo detienen a su hermano Catalino. Un año y medio después, lo dejan en libertad.

En uno de los lugares donde estuvo había un “doctor” que escribía a máquina y que, levantándole un poco la venda, le hizo firmar varios papeles. Ella no leyó qué contenían.

En ese punto, el Fiscal pide que le muestren una serie de papeles firmados para ver si reconoce su firma. Hecho esto, ella dice que sí, que estos eran los que le hizo firmar “el doctor”. (Víctor Hermes Brusa era en ese momento asistente de la Secretaría del Juzgado Federal de Santa Fe y era quien hacía firmar declaraciones a lxs detenidxs).

LOS PÁEZ MEDINA DE ESTEBAN RAMS: 𝗣𝗮𝗽á: 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇. 𝗠𝗮𝗺á:  𝗘𝗹𝗯𝗮 𝗠𝗲𝗱𝗶𝗻𝗮. 𝗛𝗶𝗷𝗼𝘀: 𝗚𝗿𝗮𝗰𝗶𝗲𝗹𝗮 (15 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹 (9 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗝𝗼𝘀é 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗶𝗮𝗴𝗼 (7 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗥𝗼𝗱𝗼𝗹𝗳𝗼 (5 𝗮ñ𝗼𝘀).

𝗝𝗢𝗦𝗘 𝗦𝗔𝗡𝗧𝗜𝗔𝗚𝗢 𝗣𝗔𝗘𝗭

 Nació el 19 de junio de 1974. Tenía 6 años en 1980 cuando llegaron 4 vehículos hasta el campo donde vivían en Esteban Rams. Los detuvieron (con las manos  levantadas)  los llevaron a una represa que había allí. Después, él recuerda que agarraron 2 o  3 chivos e hicieron un asado.

Los llevaron en una camioneta cerrada a su mamá y a ellos. La hermana en otro móvil. Cree que llegaron a la Guardia de Infantería Reforzada (GIR). También estaban las tías Juana,  y Tomasa, Ramona y Negra encerrados y con la amenaza de que los niños no hagan ruido. Estuvieron 3 meses en ese lugar, luego los llevaron a Ceres y de allí nuevamente al campo. Les habían robado todo, no quedaba nada. Algunos animales los había llevado un vecino y a ellos los pudieron recuperar.

Recuerda que al papá  lo estaquearon en un catre y a la hermana la ataron a un árbol y que había 20 personas, más o menos. Al papá lo volvió a ver después de 2 años. Preguntándole si reconocía a alguno de los integrantes del operativo, cree que uno era Riuli. Estaba de civil y tenía una gorra con un pescado rojo y negro. La mesa de su casa estaba llena de ametralladoras. Buscaban armas que allí no había.

𝗧𝗘𝗡ï𝗔 6 𝗔Ñ𝗢𝗦

𝗠𝗜𝗚𝗨𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗘𝗭

Nació el 28 de enero de 1972. En febrero de 1980 vivía con sus padres y hermanos en el campo de Esteban Rams. Durante el procedimiento, había armas por todos lados. Eran policías y gente de civil, los primeros tenían uniforme gris. En su casa tenían tazas de metal para el desayuno, ellos las agarraron, las ataron a un poste y se entretuvieron haciendo tiro al blanco. Además, les dieron de comer del chivo carneado.

Al papá lo picaneaban en el galpón y a la tarde los traen a Santa Fe. En la parte de atrás de la camioneta donde venían, había bastantes ramas: su mamá le dice que vea si no está su papá allí. Él remueve unas ramas y ve a su papá que lo miraba fijamente. No puede contener las lágrimas ante este recuerdo.

Llegaron de noche y los esperaba Perizzotti y un tal Molinas.

Cuando volvió, recuerda que la maestra lo abrazaba y le decía que no se preocupara, iba a una escuela rural. 

En sus recuerdos, cree que estuvo 3 meses en la GIR. A su padre lo volvió a ver 2 años después. Como los demás, recuerda el campo como una tapera desolada y sin nada. Recuperaron algunos animales. 

Recuerda que a Riuli lo vió en un afiche una vez que viajó a Laguna Pasiva y lo reconoció: durante un procedimiento iba de jean, remera y una gorra de Colón.

A medida que afloran los recuerdos, las emociones suben a sus ojos inevitablemente.

𝗧𝗘𝗡Í𝗔 8 𝗔Ñ𝗢𝗦

𝗥𝗢𝗗𝗢𝗟𝗙𝗢 𝗛𝗜𝗟𝗔𝗥𝗜𝗢 𝗟𝗘𝗠𝗢𝗦

Nació el 21 de octubre de 1975. Si bien no es hijo biológico de la pareja Páez-Medina, siempre fue criado como tal y sus hermanos no hacen ningún tipo de distinción. En 1980, según sus recuerdos, llegan 10 autos de donde baja gente armada, apartan a la mamá, al papá y a la hermana mayor y a ellos los encierran en una piecita donde guardaban cosas. Recuerda, igual que los demás, el viaje por la tarde y llegar de noche a Santa Fe. Lo despiertan los ruidos de la ciudad, a los que no está acostumbrado. En el lugar donde está, no están solos: hay varias tías y también primos. Están encerrados y la comida la pasan por una “ventanita”. Cuando hacían ruido, los hacían callar.

A la vuelta al campo, relata la misma desolación que sus hermanos. Ni los perros habían quedado. No recuerda cuándo volvió el padre. Sí que sus primos vinieron a vivir allí un tiempo por necesidad: no tenían mucho, pero lo que había, se repartía.

𝗧𝗘𝗡Í𝗔 5 𝗔Ñ𝗢𝗦 

martes, 12 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 2

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭-𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗣𝗘𝗥𝗔𝗡𝗭𝗔

El martes 12 de mayo de 2026 en la sala de audiencias de Tribunal Oral Federal de Santa Fe declararon los integrantes de la familia Páez-Medina: María Ceferina Páez viuda de Medina y sus hijos,  María Susana, Ramon Nicasio y Miguel Santiago.

Se toma la palabra de los acusados donde se le pregunta: si van a declarar. El señor Brusa es el único que acepta, los otros se niegan a hacerlo.

Se hace pasar en primer lugar a la señora 𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗲𝗳𝗲𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗣á𝗲𝘇 𝗱𝗲 83 𝗮ñ𝗼𝘀.

María cuenta que en la madrugada del 8 de febrero de 1980 un numeroso grupo de personas, algunas con uniformes otros de civil portando armas de todo tipo, ingresan violentamente en la casa donde vivía en Esperanza con sus hijos.

Responde con mucha seguridad, apoyada contra el respaldo de la silla se reafirma con cada palabra que dice, hace gestos y acompaña su voz firme con movimientos de manos. La señora mayor que había entrado tímida con ropas sencillas de mujer campo, estaba en ese lugar detallando con mucha nitidez cada cosa que decía.

Los militares y policías que habían entrado a su casa esa madrugada a los gritos y empujones, rompieron muebles buscando cosas delante de los hijos pequeños que aterrorizados no entendieron que es lo que pasaba.

María clavaba la mirada en fiscales y defensores, como queriendo  reafirmar que todo sería escuchado. Puesta un poco de costado daba la impresión de pararse en cualquier momento para asegurar sus dichos.

Los secuestradores en 1980 empezaron el periplo de horrores y abusos colocándole la capucha y los primeros golpes. Los niños quedaron solitos en esa casa a merced de su propia protección. En la comisaría de Esperanza los golpes y preguntas prosiguieron. Desde Esperanza es trasladada a Santa Fe y en un lugar que no pudo identificar la golpean y la violan reiteradamente.

El detalle preciso de María de las atrocidades a que era sometida conmocionaba el ámbito del recinto del juzgado federal, cada vez que hablaba el silencio se hacía más evidente.

María desde que la sacaron de su casa estuvo varios días sin comer ni beber, en esos momentos terribles la mayor parte del tiempo encapuchada y esposada. Pidió ir al baño y cuando la llevaron tomó de su propio orín para calmar esa sed de varios días. Luego la seguidilla de golpes y preguntas en un calabozo lleno de coágulos y manchas sangre. Las violaciones fueron todas las noches, también en el momento que iba al baño.

En el juzgado María contó todo y no eran palabras lanzadas al azar sino certeras hacia quienes les hacían las preguntas.

Cuenta que siguieron los traslados para un lado para otro y ella trataba de ver quienes habían sido sus torturadores y violadores. Identificó a Perezotti y Riuli. Después de 1 año y 8 meses fue liberada y pudo reencontrarse con sus hijos. En el patronato de liberados de Esperanza se entera que tenía una condena firmada por el juez Brusa.

María en el tribunal decía, —pregunten, pregunten lo que quieran— para que no quedara duda de lo que había dicho.

Llegó el turno de declarar a los hijos, 𝗦𝘂𝘀𝗮𝗻𝗮, 𝗥𝗮𝗺𝗼𝗻 𝘆 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹.

Pasó algo curioso y terrible. No eran personas de más de cincuenta años que declaraban. La historia retrocedía a esa madrugada del 8 de febrero de 1980. Ellos en su vulnerabilidad de niños notaban que esos hombres violentos se llevaban un pedazo de carne suyo: la madre. En esa orfandad que no buscaron, encontraron refugio en el abrazo de hermanos y esto los sostuvo unidos en el tiempo.

Expuestos en el tribunal, las palabras salían con mucho esfuerzo, era un acicate que los lastimaba, brotaban lágrimas y sollozos. Ellos tenían muy claro dos cosas: tener a la madre y cuidarse entre ellos.

Lo otro no importaba, no venían a señalar a nadie ni recordar tormentos, aunque los mencionaron. Susana contó como la violaban cuatros personas arriba de una mesa cuando la trasladaron a Santa Fe, de a uno iban pasándosela, uno de ellos uniformado. Cuando se cansaron de hacerle preguntas que no tenían respuestas y violarla la llevaron donde pasaba el colectivo a Esperanza y la subieron para que la dejen en esa ciudad.

En un momento le preguntan a Miguel si sabía cuantas personas habían entrado a su casa. Contesta con ironía triste — tenía seis años.

En la audiencia hubo un solo momento en que el rostro de Susana ya rojo de tensión y nerviosismo esbozó una sonrisa. A la pregunta de cómo sobrevivieron sin los padres, sonrió y dijo, — teníamos un canuto— y con las manos nerviosas hizo el gesto de un rollo refiriéndose al dinero guardado. Compraron algunas cosas y con otras que tenían fueron resistiendo al desamparo. Después el rostro se tensó de nuevo. Cuando le agradecieron porque no había mas preguntas y terminaba el acto. Susana salió casi corriendo y en el pasillo dijo —¡no podía más estaba por explotar! se refugió en los brazos abiertos de Norma Ríos que la esperaban , se abrazó fuerte y el llanto derramó sin ataduras.

martes, 5 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 1

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦

Por el Colectivo de la Memoria

5 de mayo. Primera audiencia. En la calle y dentro del tribunal un mismo clamor: Crímenes contra infancias en dictadura NUNCA MÁS.

En este juicio se juzga la responsabilidad de los ex-policías de inteligencia Eduardo Enrique Riulli, Oscar Alberto Cayetano Valdez, y Antonio Parvelotti, junto con el ex-secretario judicial Víctor Hermes Brusa.

Este proceso ”Laguna Paiva II” se desprende de la causa conocida como “Laguna Paiva” en la que fueron condenados en 2021 seis policías provinciales por privaciones ilegítimas de la libertad y tormentos agravados. 

En esta nueva causa se incorporan hechos y se analizan responsabilidades penales desplegadas principalmente entre febrero y junio de 1980 en distintas localidades, entre ellas Laguna Paiva, Esperanza, Ceres, Santo Tomé y la ciudad bonaerense de Lima. Es además la primera vez que se tratarán  delitos de lesa humanidad cometidos contra las infancias durante la última dictadura.

Salvo dos o tres personas todos los asistentes como público en el juicio son protagonistas o familiares de los mismos. Posiblemente estos jóvenes que lo están presenciando  hayan sido alguno de esos niños que quedaron librados a su suerte en medio de la hostilidad de aquella época de terror…

Así mismo se acuerda con la querella el cronograma de audiencias siendo las próximas el martes 12, miércoles 13 y jueves 14 de mayo a partir de las 9.

 Crónicas de un juicio histórico - Día 10 - Alegatos de la querella y del Ministerio Público Fiscal 𝗝𝗨𝗜𝗖𝗜𝗢 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔 𝗜...