CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 5
𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.
Por El Colectivo de la Memoria
𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇
Comienza a dar detalles sobre sus convicciones personales y su experiencia laboral como obrero, señalando su percepción de la justicia y cómo fue tratado durante su detención. Menciona aspectos cotidianos y privaciones de su encierro: "𝘔𝘦 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴, 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘰 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴 𝘯𝘰 𝘴é, 𝘮𝘦 𝘥𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘢𝘯𝘤𝘪𝘵𝘰 𝘮𝘪ñó𝘯 𝘺 𝘶𝘯 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘴𝘰𝘱𝘢". Relata cómo estuvo colgado y las interacciones o discusiones entre el personal que lo custodiaba (mencionando apellidos como Ramos y Solís) al momento de moverlo o registrar su ingreso al calabozo.
Describe la disposición física del lugar donde se encontraba cautivo, haciendo alusión a un cuartito, las paredes de la época y la presencia de otras personas detenidas en las esquinas o celdas contiguas, incluyendo a un policía de apellido Segovia.
Detalla las intimidaciones que recibió para prestar declaración bajo coacción: "𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢𝘤𝘩𝘰 𝘥𝘪𝘤𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵á 𝘪𝘯𝘥𝘦𝘤𝘪𝘴𝘰 𝘴𝘪 𝘷𝘢 𝘢 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘳... 𝘴𝘪 𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢 𝘷𝘢 𝘢 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘪𝘳 𝘢𝘭 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘷𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘪é𝘯". A raíz de esto, explica que terminó firmando un documento sin leerlo ni recibir lectura del mismo...
Describe la metodología de los tormentos físicos. Señala que intentaba mirar por debajo de la venda para ver cuándo venían los golpes ("venían a pegar garrotazos"). Relata: "𝘈 𝘮í 𝘮𝘦 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘨𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘺 𝘮𝘦 𝘱𝘰𝘯𝘦𝘯 𝘢𝘩í 𝘢𝘳𝘳𝘪𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘷𝘦𝘴𝘢ñ𝘰... 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘴𝘱𝘰𝘴𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘺𝘰 𝘮𝘦 𝘮𝘰𝘷í𝘢 𝘺 𝘮𝘦 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮á𝘴". Menciona que le aflojaron las esposas en dos oportunidades y que le tomaron declaración en un sector que parecía un sótano.
Vincula recuerdos de su vida como trabajador de la construcción con la vecindad de la vivienda de Eduardo Enrique Riulli.
Explica una frase que le habría dicho Riulli durante los tormentos para instarlo a ceder: "𝘕𝘰 𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘢 𝘭𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘢 𝘊𝘢𝘵𝘢𝘭𝘪𝘯𝘰..." Precisa que esto ocurrió durante los primeros interrogatorios, estimando la fecha entre el 5 y el 10 de un mes determinado, poco después de su detención el día 3.
Comenta las referencias del entorno que alcanzaba a oír, como los gritos provenientes de la cancha del club Unión durante los partidos de fútbol o la cercanía de una escuelita, elementos que en su momento lo confundían respecto a la localización exacta del predio.
Ante la pregunta de cómo transcurrieron esos 25 días de detención, resume la rutina de violencia afirmando que consistía en "𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘳𝘰𝘨𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘨𝘢𝘳𝘳𝘰𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰... 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘰𝘴 𝘰 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘦𝘤𝘩𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘢𝘨𝘶𝘢".
Retoma anécdotas de su actividad gremial u obrera y las discusiones con las patronales de la época relativas a aumentos salariales del 10% y las suspensiones o despidos que enfrentaba debido a sus reclamos. Desde la GIR es llevado al penal de Rawson.
𝗔𝘂𝗿𝗼𝗿𝗮 𝗚ó𝗺𝗲𝘇, esposa del testigo anterior. Relata que el 3 de abril de 1980 su esposo fue detenido, durante la madrugada por policías y militares, que golpearon y patearon las puertas, alcanzó a calzarse y salió en paños menores, lo esposaron. Hicieron gran revuelo en la casa, los niños se despertaron y lloraban. La mayor de 7 años. Los sacaron afuera mientras buscaban armas. Traían armas largas. Había camionetas y a él lo subieron a un camión, sin orden de detención, entraron de prepo y a los gritos. Lo tuvieron esposado contra la pared.
No le dijeron adonde lo llevaron. Al otro día fue a la comisaría a preguntar si estaba detenido, le dijeron que no. Así transcurrieron casi 30 días en que estuvo desaparecido. Al único que conocía era el comisario Mendoza y a Riulli que era del pueblo, disc jockey muy conocido. De alguna manera su cuñado se enteró que estaba en la comisaría 3ra, ahí le permitieron verlo calcula que había bajado 30 kilos. Lo habían tenido colgado y fue torturado, lo llevaron del calabozo al patio y ahí pudieron conversar. No le daban alimentos, alguna vez
Ahí recibió visitas los sábados, ella organizaba las visitas llevando 2 por vez, por último las nenas no querían ir porque las requisas eran rigurosas, las toqueteaban.
Su cuñado también estuvo detenido, él supo quedar sin habla por un tiempo largo por las torturas que recibió, su hermana era la mujer y por eso lo conocían.
Las edades de sus hijos eran uno de 11 meses, 3, 6 y 7 años. Tuvo que salir a trabajar en casas de familias, mientras su mamá la ayudaba con el cuidado de los chicos.
En 1984 salió en libertad, cuando estuvo en Rawson los organismos de derechos humanos la ayudaron con pasajes y hospedaje y siempre llevaba los niños, ahorraba unos pesitos para poder ir. Las visitas eran por un vidrio, los chicos lloraban porque querían tocar al padre.
Vivian en Laguna Paiva, y cuando recupera la libertad luego de 4 años, sin trabajo, era ella la que trabajaba. Finalmente él se dedicó a la construcción, después entró al ferrocarril.
Ella entró a una clínica con un sueldo y así comenzaron a salir adelante.
𝗬𝗮𝗻𝗶𝗻𝗮 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇, 50 𝗮ñ𝗼𝘀.
Tenía 5 años para 6, era la madrugada y estaban durmiendo cuando golpearon la puerta, a los gritos. Se llevaron al papá. Le pedían que no se lo lleven, la mamá los contenía y a la vez preguntaba “Porque se lo llevan?”. Vivían con su abuelo de parte de su mamá, al fondo de la casa de sus abuelos, en un ranchito. Su hermana tenía 7 años, otro de 3 y un bebé. Después de un mes supo que estaba detenido en Santa Fe, y lo empezaron a ver.
La madre preguntaba donde lo tenían, hasta que supo que estaba en Santa Fe. Lo volvió a ver cuándo le dieron permiso para recibir visitas, en las requisas ella era manoseada, así que no quiso volver.
Su papá trabajaba en un frigorífico, tenían un gremio para la defensa del personal y estaban con el tema de los sueldos mal pagos.
En los 4 años que su papá estuvo detenido la madre salió a limpiar casas para darles de comer.
𝗛𝘂𝗴𝗼 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗦𝗶𝗹𝘃𝗮, 79 𝗮ñ𝗼𝘀.
Trabajaba en el ferrocarril y un día a la salida, lo esperaba un comisario de Laguna Paiva y le dijeron lo tenían que tutelar. Le explicaron que a lo mejor era un mal entendido, lo metieron en un calabozo, a la noche su familia fue a preguntar y negaron que estaba ahí pero en realidad sí estaba. Al otro día lo subieron en un Falcon verde, iban muy rápido por el camino a Nelson, luego fue encapuchado, lo tiraron al piso y comenzaron a golpearlo. Al llegar a un destino durante una semana fue esposado a una puerta y colgado ahí le pegaron mientras era interrogado y le echaban agua fría. Reconoció la voz de Riuli ya que salía a hacer propagandas y animaba fiestas. Era simpatizante del PRT participó en un congreso en Tucumán, Chaco y Córdoba. De ahí lo llevaron a la comisaria primera, a cargo del comisario Córdoba, estuvo sin capucha. Luego lo llevaron a tomar declaraciones con Bruza, que se presentó como juez. Estuvo 1 año y 2 o 3 meses en la GIR y de ahí fue al penal de Rawson. De allí lo trasladaron a la cárcel de Caseros, de La Plata y finalmente a la de Devoto, de donde recupera la libertad el 16 de febrero de 1983. Estuvo preso por la Ley 20840, por comentarios supo que tuvo una condena de 3 años y medio.
Víctor Hugo Silva, 52 años
Hijo de Hugo Alberto Silva, tenía 6 años, cuando llegaba de la escuela vio como en su hogar estaba la policía y lo llevaron detenido a su padre. Recuerda perfectamente ese momento y le preguntó a un policía porqué se lo llevaban y le dijeron que era un trámite. Su padre estuvo un tiempo desaparecido, lo volvió a ver en la GIR. Uno de los que lo detuvo fue un policía Mendoza, también supo que su padre reconoció la voz de Riulli, ya que grababa con su voz publicidades, recorriendo Laguna Paiva con una “callejera”
Con el tiempo supo que estuvo en muchos lugares hasta que llegó a la GIR, donde lo pudo visitar.
Su padre estuvo en Rawson y otras cárceles. Fue una época muy dura, pudieron subsistir gracias a la ayuda de abuelos, tíos y a que su madre trabajaba en casas de familia.
Se negó a responder lo que su padre le dijo sobre las torturas.
𝗟𝗲𝗼𝗻𝗲𝗹 𝗢𝘀𝗰𝗮𝗿 𝗚𝗮𝗶𝘁á𝗻. Detenido desaparecido y luego condenado.
El 24 de julio de 1980 fue interceptado en la vía pública en calle San Martin y Lisandro de la Torre, mientras estaba charlando con un ex alumno del Colegio Industrial, le dio tiempo de dejarle el número de teléfono de su novia para que le avise, algo que hizo.
Lo llevaron caminando hasta la jefatura, por averiguación de antecedente, uno le dice: así que te querés ir de la provincia?. En realidad estaba buscando trabajo en el Chaco, pero no lo contrataban porque los servicios de inteligencia lo estaban buscando. Intenta entrar en Centro de Cómputos pero no le permiten ingreso por un informe negativo. Allí le aconsejan que se vaya del país, tenía pensado ir a Venezuela.
Al otro día le dieron la libertad, pero a la salida lo subieron a un auto y lo llevaron a Obispo Gelabert y San Martín. Lo interrogaron sobre su militancia, con quienes había vivido, a lo que dijo que era de la JUP y que vivió en el Colegio Mayor. Recibió golpes y a las 4 de la mañana lo llevaron a una casa en un lugar descampado, ahí lo torturaron, simularon un tiro y le tomaron una declaración que lo obligaron a firmar. El 28 fue trasladado a la GIR, le sacaron la venda delante de Perizotti. Estuvo solo alrededor de 1 mes y después fue a un pabellón donde conoció a los compañeros de Paiva. Recuerda a Catalino Paez, Arrazcaeta, Alsogaray y otros, en julio de 1981 fue trasladado a Rawson recuperando la libertad el 14 de diciembre de 1982
𝗥𝗮ú𝗹 𝗖𝗵𝗶𝗮𝗿𝘁𝗮𝗻𝗼. Testigo de Leonel Gaitán.
Raúl fue detenido en Rosario en julio de 1976, recuperando la libertad en abril de 1979. Pertenecía a la JUP y a Montoneros con Leonel compartieron carrera, vivienda y militancia Supo que en 1980 fue detenido, en esa época ya residía en Córdoba.
Si bien fue detenido en Rosario, como toda su actividad la había desarrollado en Santa Fe, le abrieron una causa legal en ésta ciudad, en esa circunstancia lo conoció a Brusa.
De este modo además de estar a disposición del P.E.N., tuvo causa a cargo del Juez Mántaras. En 1977 en la cárcel de Coronda, lo llevaron a un lugar donde estaba Brusa para tomarle declaración. Fue una mala experiencia ya que querían inculparlo de hechos delictivos. El interrogatorio fue áspero ya que se negó a firmar, fue amenazado con llevarlo nuevamente a sala de torturas y golpeado con total impunidad y cobardía.
La defensa Interrumpe alegando que se sale del marco, ya que fue citado como testigo de Gaitán.
El tribunal no hace lugar, ya que la pregunta es sobre la conducta de uno de los acusados.
Continua explicando que recibió notificación de sobreseimiento provisorio, nunca vio al juez Mántaras ni a un abogado defensor, solicitó sobreseimiento definitivo lo que fue negado, al salir en libertad en abril de 1979 comienza a gestionarlo, cuando lo logra, nuevamente se cruzó con Brusa que lo vuelve a amenazar.
Termina con la siguiente reflexión: “𝘘𝘶𝘦𝘳í𝘢 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘳𝘭𝘦𝘴 𝘢𝘭 𝘵𝘳𝘪𝘣𝘶𝘯𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴, 𝘭𝘢𝘴 𝘷í𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘕𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘨𝘢 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘥𝘢. 𝘚𝘪 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 45, 50 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘢𝘵𝘳á𝘴... 𝘺 𝘭𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘵𝘢𝘳𝘥𝘦, 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘴𝘢𝘯𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘪𝘥𝘦𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘥𝘰. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘮𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘥𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘺 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘴𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘈𝘳𝘨𝘦𝘯𝘵𝘪𝘯𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰... 𝘕𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘦𝘨𝘶𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯𝘻𝘢, 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘢í𝘴 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘢. 𝘚𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘰 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘮𝘰𝘴. 𝘓𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴 𝘺 𝘦𝘭 𝘭𝘰𝘨𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘢𝘳𝘢𝘯𝘵í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳 𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘢𝘴, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘢𝘣𝘦𝘳𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘢𝘯 𝘢 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳. 𝘈𝘴í 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘨𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘴𝘰 𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘩𝘢𝘣𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢𝘥𝘰.”