CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 9
𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.
Por El Colectivo de la Memoria
𝗦𝗶𝗴𝗿𝗶𝗱 𝗘. 𝗗𝗮𝗹𝗼𝘀𝘁𝘁𝗼
Psicóloga y psicoanalista egresada de la UNR con especialización en niños, niñas y adolescentes. Infancias en general. Miembro de la APDH. Trabajó con la Secretaría de DDHH en juicios de lesa humanidad. Hace clínica de lo traumático. Trabaja en LUDENS (organización mejicana) y con otras organizaciones.
Está siguiendo este juicio porque vio el de Laguna Paiva I y se interesó en el tema.
En primer lugar dice que la infancia es el tiempo más importante donde se inscribe la historia de un sujeto y se fijan las estructuras para la vida. No sólo importa la edad cronológica: un bebé requiere un lugar amoroso: cuidado, nutrición, recibir palabras que le demuestren que está vivo. Adquiere el lenguaje mediante lo lúdico (juegos de la infancia). El adulto habla, los niños lo hacen a través del juego.
Cuando hay un trauma hay una detención del tiempo que los deja indefensos, una ruptura, un agujero en la psiquis. El juego se detiene. Cuando adultos, pueden poner en palabras lo que vivieron, allí pueden empezar a sanar. Porque hasta el cuerpo tiene memoria de lo traumático.
Hay una frase que dice “las heridas al aire sanan mejor “. Cada uno lo vive de distinta manera. Ante una separación de los padres, los niños se sienten despojados, porque desde uno a catorce años necesitan todo del adulto: alimentación, higiene, normas. Sin ellos, suelen caer en pesadillas, terrores nocturnos y se reviven continuamente los momentos traumáticos, A veces, después de años de tratamiento, estos salen a la luz. Generalmente cuando hay eco de otro.
El juicio oral es maravilloso y esperanzador. Da la posibilidad de sanar y lograr dignidad. Antes, la sociedad les dio la espalda y ellos recuperan un marco de legalidad.
Con LUDENS se está escribiendo un libro sobre conversar las infancias sobre casos de Argentina, Chile y Méjico. Desde aquí se tomará lo que acontezca en este juicio, teniendo en cuenta que cuando las instituciones desamparan (dictadura militar), los niños son los más vulnerables, sin figuras protectoras. A 46 años recién se pudo hablar pero es emocionante la posibilidad de sanación.
𝙀𝙡𝙡𝙤𝙨 𝙨𝙤𝙣 𝙨𝙤𝙗𝙧𝙚𝙫𝙞𝙫𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚𝙨, 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙦𝙪𝙚 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙞𝙩𝙖𝙧 𝙡𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙩𝙞𝙚𝙢𝙥𝙤 𝙙𝙚𝙩𝙚𝙣𝙞𝙙𝙤 (𝙚𝙡 𝙙𝙚𝙡 𝙩𝙧𝙖𝙪𝙢𝙖) 𝙮 𝙘𝙤𝙣 𝙧𝙞𝙚𝙨𝙜𝙤 𝙙𝙚 𝙫𝙞𝙙𝙖.
Es un crimen de la dictadura: el desamparo, infancias a la intemperie, forzados a callar. En el silenciamiento hay una ruptura del lazo social. Se pierde humanidad. Y el papel de la JUSTICIA es la aspiración máxima que quieren lograr los que han sido protagonistas.
Nota de la redacción: Ludens Clínica de orientación Psicoanalítica, reconocida organización enfocada en la investigación, formación clínica y el abordaje del psicoanálisis con perspectiva social.
𝗠𝗮𝗿𝘁𝗮 𝗟𝗶𝗹𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗩𝗶𝘃𝗮𝘀. 𝗧𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮.
Un día de 1980 la mamá la levantó, la paró en una silla y le puso un vestido azul con detalles rojos. Después todo se nubló, tuvo vacíos de recuerdos. Entró gente, uno de civil y quizás cuatro con uniforme verde. Revolvieron todo y encuentran fotos de su tío Catalino y se las llevan.
Su mamá se llamaba 𝗥𝗮𝗺𝗼𝗻𝗮 𝗜𝘀𝗮𝗯𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇. Su papá, Leonardo Vivas, los cuatro vivían en Ceres. Era un domingo de febrero. La casa tenía una habitación, una galería y una cocina. Los tienen a todos en la galería mientras adentro “hablan” con su mamá. Otros cavaban atrás de la casa, buscaban algo que estaba enterrado, pero no sabe qué. No encontraron nada. Todo esto se lo cuenta su hermana, porque ella no tiene recuerdos.
Sacan a la mamá con los ojos vendados y se la llevan detenida. El papá fue en bicicleta hasta la comisaría, pero allí le dijeron que ellos no sabían nada y que por allí no había pasado. Luego les cuenta que la tuvieron en una habitación sentada y vendada 4 o 5 días. Después la pasan a otra ´pieza donde estaban Eva Medina, Marciana Páez y sus hijos. Había una mujer rubia que las controlaba y les decía que sus hijos no podían correr ni hablar en voz alta.
En la comisaría de Ceres, después de dos días le dicen al padre que la mamá estaba en la GIR. Él se va en taxi desde la casa para verla y le llevó ropa y cigarrillos. Siguió visitándola una vez por semana. Las hermanas quedaban solas en la casa. Estuvo más de un mes presa, finalmente el 15 de marzo le hicieron firmar la libertad. Ese día faltó a la escuela por la emoción que tenía. Era la más chica y la extrañaba un montón.
La mamá se metió para adentro y no quería hablar de lo que había pasado. Dejó de participar en actividades de la escuela, ni las llevaba al parque, no quería salir. Después comenzó a beber y se volvió alcohólica. Murió en el 2015. Nunca quiso declarar por miedo.
Cuando fue el primer juicio de Laguna Paiva, mi hermana reconoció al hombre que había interrogado a la mamá en casa como Eduardo Riulli.
Expresa: ojalá se haga justicia, por que es lo único que nos va a rescatar".
Vive en Laguna Paiva desde 2011, se casó con Mario Páez.
Finaliza: “ 𝙡𝙖 𝙢𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙚𝙨𝙤𝙨 𝙙í𝙖𝙨 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙢𝙚 𝙫𝙤𝙡𝙫𝙞ó. 𝙈𝙚 𝙝𝙖𝙣 𝙙𝙞𝙘𝙝𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙨 𝙞𝙜𝙪𝙖𝙡 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙗𝙞𝙘𝙝𝙤 𝙗𝙤𝙡𝙞𝙩𝙖, 𝙦𝙪𝙚 𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙞𝙜𝙧𝙤 𝙨𝙚 𝙧𝙚𝙥𝙡𝙞𝙚𝙜𝙖, 𝙢𝙞 𝙢𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙡𝙤 𝙢𝙞𝙨𝙢𝙤”.
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