jueves, 23 de julio de 2026

 Crónicas de un juicio histórico - Día 10 - Alegatos de la querella y del Ministerio Público Fiscal

𝗝𝗨𝗜𝗖𝗜𝗢 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 - 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦

Por El Colectivo de la Memoria

El jueves 23 de julio en el marco del comienzo de los alegatos del juicio Laguna Paiva II  se realizaron una conferencia de prensa y una radio abierta por la  que circularon referentes políticos, militantes sociales, feministas y distintas personalidades de la sociedad civil. Todos se expresaron en el mismo sentido, que haya justicia como un aporte a que se comiencen a cerrar heridas.

En tanto dentro del tribunal Noelia Zarza, Julia Giordano y Federico Pagliero, abogados de la querella de la APDH y los fiscales adjuntos Leonardo Albrech y Nicolás Sacco hicieron sus alegatos finales en la última jornada del juicio.

“𝙀𝙡 𝙖𝙗𝙖𝙣𝙙𝙤𝙣𝙤 𝙮 𝙡𝙖 𝙢𝙪𝙡𝙩𝙞𝙥𝙡𝙞𝙘𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙙𝙚 𝙙𝙚𝙡𝙞𝙩𝙤𝙨 𝙨𝙪𝙛𝙧𝙞𝙙𝙤𝙨 𝙥𝙤𝙧 𝙡𝙖𝙨 𝙞𝙣𝙛𝙖𝙣𝙘𝙞𝙖𝙨 𝙨𝙤𝙣 𝙪𝙣𝙖 𝙢𝙤𝙘𝙝𝙞𝙡𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙡𝙚𝙫𝙖𝙣 𝙝𝙖𝙘𝙚 46 𝙖ñ𝙤𝙨”, expresaron desde el equipo querellante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), durante el inicio de sus alegatos.

Los imputados son el exjuez federal Víctor Brusa -entonces, en el rol de secretario judicial- y los expolicías Eduardo Riuli, Oscar Valdez y Antonio Parvelotti. El fiscal auxiliar federal Nicolás Sacco, pidió penas de 18, 20, 12 y 22 años, respectivamente; y la querella solicitó 25 años, en todos los casos.

“𝙑𝙤𝙡𝙫𝙚𝙢𝙤𝙨 𝙖 𝙖𝙡𝙚𝙜𝙖𝙧 𝙚𝙣 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙨 𝙘𝙖𝙪𝙨𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤𝙨 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙚𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙚𝙣 𝙪𝙣 𝙚𝙟𝙚𝙢𝙥𝙡𝙤 𝙖 𝙣𝙞𝙫𝙚𝙡 𝙢𝙪𝙣𝙙𝙞𝙖𝙡, 𝙘𝙤𝙣 𝙚𝙡 𝙝𝙤𝙣𝙤𝙧 𝙙𝙚 𝙧𝙚𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙖𝙧 𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙩𝙧𝙖𝙗𝙖𝙟𝙖𝙙𝙤𝙧𝙚𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙛𝙤𝙧𝙟𝙖𝙧𝙤𝙣 𝙚𝙡 𝙢𝙤𝙫𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤 𝙤𝙗𝙧𝙚𝙧𝙤, 𝙘𝙤𝙢𝙗𝙖𝙩𝙞𝙫𝙤 𝙙𝙚 𝙣𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙤 𝙥𝙖í𝙨. 𝙀𝙣 𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙞𝙢𝙚𝙧 𝙟𝙪𝙞𝙘𝙞𝙤 𝙙𝙚 𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙖𝙪𝙨𝙖, 𝙖𝙡𝙡á 𝙥𝙤𝙧 2021, 𝙖𝙨𝙪𝙢𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙡𝙖 𝙧𝙚𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙗𝙧𝙚𝙧𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙇𝙖𝙜𝙪𝙣𝙖 𝙋𝙖𝙞𝙫𝙖”, indicaron desde la querella: “el estado genocida desplegó una maquinaria de exterminio y montó centros clandestinos de detención, donde uno de los objetivos claros fue la eliminación del movimiento obrero”, que “luchaba por reivindicaciones laborales, sociales y políticas, en pos de una sociedad más justa”. Y agregaron: “La persecución de los trabajadores de Laguna Paiva y sus familias, se enmarca como parte de ese plan criminal, dirigido no solo a los trabajadores, sino a sus familias completas”.

Expresaron que “la reconstrucción de los hechos del estado terrorista a partir de las denuncias -primero- y luego de los juicios, ha permitido una construcción dogmática y jurisprudencial a nivel nacional que demuestra de manera indubitable que las infancias no fueron meros damnificadas colaterales de la represión, sino que constituyeron un blanco autónomo y estratégico dentro del plan sistemático de exterminio”.

Para la querella, “la necesidad y la vigencia de este reclamo de justicia se traduce también en el acompañamiento desde la sociedad civil”, y mencionaron que “acompañan activamente el Foro contra la justicia y por la verdad de Santa Fe, El Colectivo de la Memoria, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe, la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes”, entre otros espacios.

“Mucho se habló sobre la novedad de lo que significa la posibilidad concreta de que se reconozca el abandono de las infancias como delito de lesa humanidad por primera vez en nuestro país. Sin embargo, para las familias que representamos nada de esto es una novedad. El abandono y la multiplicidad de delitos sufridos por las infancias son una mochila que llevan hace 46 años”, expresaron en el alegato.

jueves, 2 de julio de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 9

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗦𝗶𝗴𝗿𝗶𝗱 𝗘. 𝗗𝗮𝗹𝗼𝘀𝘁𝘁𝗼

Psicóloga y psicoanalista egresada de la UNR con especialización en niños, niñas y adolescentes. Infancias en general. Miembro de la APDH. Trabajó con la Secretaría de DDHH en juicios de lesa humanidad. Hace clínica de lo traumático. Trabaja en LUDENS (organización mejicana) y con otras organizaciones.

Está siguiendo este juicio porque vio el de Laguna Paiva I y se interesó en el  tema. 

En primer lugar dice que la infancia es el tiempo más importante donde se inscribe la historia de un sujeto y se fijan las estructuras para la vida. No sólo importa la edad cronológica: un bebé requiere un lugar amoroso: cuidado, nutrición, recibir palabras que le demuestren que está vivo. Adquiere el lenguaje mediante lo lúdico (juegos de la infancia). El adulto habla, los niños lo hacen a través del juego.

Cuando hay un trauma hay una detención del tiempo que los deja indefensos, una ruptura, un agujero en la psiquis. El juego se detiene. Cuando adultos, pueden poner en palabras lo que vivieron, allí pueden empezar a sanar. Porque hasta el cuerpo tiene memoria de lo traumático.

Hay una frase que dice “las heridas al aire sanan mejor “. Cada uno lo vive de distinta manera. Ante una separación de los padres, los niños se sienten despojados, porque desde uno a  catorce años  necesitan todo del adulto: alimentación, higiene, normas. Sin ellos, suelen caer en pesadillas, terrores nocturnos y se reviven continuamente los momentos traumáticos, A veces, después de años de tratamiento, estos salen a la luz. Generalmente cuando hay eco de otro.

El juicio oral es maravilloso y esperanzador. Da la posibilidad de sanar y lograr dignidad. Antes, la sociedad les dio la espalda y ellos recuperan un marco de legalidad. 

Con LUDENS se está escribiendo un libro sobre conversar las infancias sobre casos de Argentina, Chile y Méjico. Desde aquí se tomará lo que acontezca en este juicio, teniendo en cuenta que cuando las instituciones desamparan (dictadura militar), los niños son los más vulnerables, sin figuras protectoras. A 46 años recién se pudo hablar pero es emocionante la posibilidad de sanación.

𝙀𝙡𝙡𝙤𝙨 𝙨𝙤𝙣 𝙨𝙤𝙗𝙧𝙚𝙫𝙞𝙫𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚𝙨, 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙦𝙪𝙚 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙞𝙩𝙖𝙧 𝙡𝙖 𝙫𝙞𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙩𝙞𝙚𝙢𝙥𝙤 𝙙𝙚𝙩𝙚𝙣𝙞𝙙𝙤 (𝙚𝙡 𝙙𝙚𝙡 𝙩𝙧𝙖𝙪𝙢𝙖) 𝙮 𝙘𝙤𝙣 𝙧𝙞𝙚𝙨𝙜𝙤 𝙙𝙚 𝙫𝙞𝙙𝙖.

Es un crimen de la dictadura: el desamparo, infancias a la intemperie,  forzados a callar. En el silenciamiento hay una ruptura del lazo social. Se pierde humanidad. Y el papel de la  JUSTICIA es la aspiración máxima que quieren lograr los que han sido protagonistas.

Nota de la redacción: Ludens Clínica de orientación Psicoanalítica, reconocida organización enfocada en la investigación, formación clínica y el abordaje del psicoanálisis con perspectiva social.

𝗠𝗮𝗿𝘁𝗮 𝗟𝗶𝗹𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗩𝗶𝘃𝗮𝘀. 𝗧𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮.

Un día de 1980 la mamá la levantó, la paró en una silla y le puso un vestido azul con detalles rojos. Después todo se nubló, tuvo vacíos de recuerdos.  Entró gente, uno de civil y quizás cuatro con uniforme verde. Revolvieron todo y encuentran fotos de su tío Catalino y se las llevan. 

Su mamá se llamaba 𝗥𝗮𝗺𝗼𝗻𝗮 𝗜𝘀𝗮𝗯𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇.  Su papá, Leonardo Vivas, los cuatro vivían en Ceres. Era un domingo de febrero. La casa tenía una habitación, una galería y una cocina. Los tienen a todos en la galería mientras adentro “hablan” con su mamá. Otros cavaban atrás de la casa, buscaban algo que estaba enterrado, pero no sabe qué. No encontraron nada. Todo esto se lo cuenta su hermana, porque ella no tiene recuerdos. 

Sacan a la mamá con los ojos vendados y se la llevan detenida. El papá fue en bicicleta hasta la comisaría, pero allí le dijeron que ellos no sabían nada y que por allí no había pasado. Luego les cuenta que la tuvieron en una habitación sentada y vendada 4 o 5 días. Después la pasan a otra ´pieza donde estaban Eva Medina, Marciana Páez y sus hijos. Había una mujer rubia que las controlaba y les decía que sus hijos no podían correr ni hablar en voz alta.

En la comisaría de Ceres, después de dos días le dicen al padre que la mamá estaba en la GIR. Él se va en taxi desde la casa para verla y le llevó ropa y cigarrillos. Siguió visitándola una vez por semana. Las hermanas  quedaban solas en la casa. Estuvo más de un mes presa, finalmente el 15 de marzo le hicieron firmar la libertad. Ese día faltó a la escuela por la emoción que tenía. Era la más chica y la extrañaba un montón.

La mamá se metió para adentro y no quería hablar de lo que había pasado. Dejó de participar en actividades de la escuela,  ni las llevaba al parque, no quería salir. Después  comenzó a beber y se volvió alcohólica. Murió en el 2015. Nunca quiso declarar por miedo.

Cuando fue el primer juicio de Laguna Paiva, mi hermana reconoció al hombre que había interrogado a la mamá en casa como Eduardo Riulli.

Expresa: ojalá se haga justicia, por que es lo único que nos va a rescatar". 

Vive en Laguna Paiva desde 2011, se casó con Mario Páez.

Finaliza: “ 𝙡𝙖 𝙢𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙚𝙨𝙤𝙨 𝙙í𝙖𝙨 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙢𝙚 𝙫𝙤𝙡𝙫𝙞ó. 𝙈𝙚 𝙝𝙖𝙣 𝙙𝙞𝙘𝙝𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙨 𝙞𝙜𝙪𝙖𝙡 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙗𝙞𝙘𝙝𝙤 𝙗𝙤𝙡𝙞𝙩𝙖, 𝙦𝙪𝙚 𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙞𝙜𝙧𝙤 𝙨𝙚 𝙧𝙚𝙥𝙡𝙞𝙚𝙜𝙖, 𝙢𝙞 𝙢𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙡𝙤 𝙢𝙞𝙨𝙢𝙤”.

jueves, 25 de junio de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 8 (Tercera parte)

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗡𝗲𝗹𝗹𝘆 𝗠𝗶𝗻𝘆𝗲𝗿𝘀𝗸𝘆. Abogada - docente de la UBA. 

Es abogada especializada en derecho de niñeces y adolescencia. Ha tenido un contacto muy cercano por su profesión y por razones familiares con esta temática. Fue conyuge del Dr. Roberto Pedonfini; en su estudio se llevaron a cabo muchísimos de estos juicios y  fue un lugar en que se prestó asesoramiento en la época de la dictadura militar. Es especialista en Derecho de familia y ha dirigido una maestría en la UBA sobre problemáticas sociales de la infancia y es co-redactora del Código Civil de 2015.

Conoce mucho sobre este caso por la difusión que ha tenido y ha leído también lo que le ha proporcionado la querella sobre este grupo familiar. Esto la llevó a interesarse en la temática que tenía una particularidad muy especial, el abandono, que ha sido declarado delito de lesa humanidad. Cree que también se conserva la memoria a través de las leyes, la jurisprudencia que va cambiando porque cambia la vida y cambia también la historia. Analiza que cada norma siempre va dejando algo; es como una marea que cada vez se enriquece con nuevas normas y cree que ésta es la función de los operadores del derecho.

Afirma que cuando se instaló la dictadura se vio que había un plan sistemático de destrucción. Esto no fue improvisado, no fue ocasional, Hubo niños apropiados, niños nacidos en cautiverio, niños institucionalizados y después adoptados con adopciones falsas. Opina que deberían ser anuladas las adopciones que tuvieran por antecedente un ilícito, teniendo en cuenta todas las adopciones fraguadas que fueron hechas.

En el caso de este juicio cree que el tema principal es el abandono porque 𝗲𝗹 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗶𝗹í𝗰𝗶𝘁𝗼 𝗰𝗶𝘃𝗶𝗹 𝘆 𝗽𝗲𝗻𝗮𝗹.

También  se abocó a investigar en el pasado y encontró como antecedente dos sistemas totalitarios que también tenían como objetivo las infancias. En Alemania durante el nazismo Himmler propone (y lleva a la práctica) que cuando invadieran un país, pone por ejemplo Polonia, se secuestraran niños de raza aria y que no quedaran en ese país sino que fueran llevados a Alemania por el valor de la raza a la cual pertenecían. También se usó para secuestrar a los hijos de presos opositores al régimen hitleriano.

España en la época de Franco llevó a cabo una política similar; separar niños de  familias contrarias al gobierno, apropiarlos e integrarlos a familias afines al régimen, y de esa manera controlar “el daño y el caos” que habían generado sus padres. Según Garzón y otros son entre 25.000 y 50.000 las apropiaciones; incluso repatriaron niños que habían sido exiliados por sus padres para protegerlos, e insertarlos en familias afines al régimen franquista. Afirmó: siniestramente esta política fue repetida en nuestro país.

Espera que el tribunal resuelva que el abandono para casos especiales (en casos de terrorismo de estado como el que se dio en nuestro país) sea declarado delito de lesa humanidad, porque si no quedaremos a medio camino sin tomar los elementos más nuevos aportados por el derecho y la filosofía. 

Finalizó expresando que hay dos temas importantes para analizar: 𝗾𝘂é 𝗿𝗼𝗹𝗲𝘀 𝘁𝘂𝘃𝗼 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝗾𝘂é 𝗿𝗼𝗹𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝘁𝘂𝘃𝗼 𝘆 𝗱𝗲𝗯𝗶ó 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗰𝘂𝗺𝗽𝗹𝗶𝗱𝗼.

𝗡𝗮𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮 𝗩𝗲𝗿ó𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗔𝗺𝗮𝘁𝗲𝗹𝗹𝗶𝗼 . Psicóloga

Natalia Verónica Amatellio es psicóloga, egresada de la Facultad de Psicología  de la Universidad Nacional de Rosario. Es especialista en estimulación temprana que es la especialidad para trabajar con bebés y primeras infancias hasta los tres o cuatro años. Es docente en la Facultad de Psicología en Prácticas Profesionales Supervisadas que se encarga de las prácticas pre profesionales de alumnos de la facultad. Ha trabajado en diversas escuelas.

También es investigadora en la Universidad sobre situaciones en las que niñeces y adolescencias han vivido situaciones de violencia, maltrato y abuso o maltratos sexuales. Para ello integró el Centro de violencias y abusos de la Facultad de Psicología y actualmente integra la Asociación de Altos Estudios en violencia y abusos sexuales.

La abogada querellante pregunta si desde sus recorridos y conocimientos académicos  puede explicar qué es lo que psicológicamente caracteriza o constituye la infancia; ya que profesionales anteriores se han referido a este concepto.

Explica que se referirá o caracterizará el concepto de infancia no como una adultez en pequeñito sino que se trata de una etapa fundamental para la estructuración del psiquismo de una persona. La infancia es el momento subjetivo y de desarrollo principal que va a generar la estructuración psíquica y de armado subjetivo en donde se produce el desarrollo físico, cognitivo, desarrollo en relación a conexiones neuronales y constitución del psiquismo.

El ser humano desde que es un bebé necesita del abrigo, de un otro que se va a encargar no sólo del alimento, cuidado y ternura, sino que también le va a proporcionar las formas de entender el mundo, la traducción del mundo y la realidad exterior. Esto es fundamental para que ese sujeto pueda construir luego su propia subjetividad y pueda enfrentar la vida adulta y con autonomía progresiva las distintas situaciones de la vida.

Es importante tener en cuenta que en las infancias, para contrarrestar el desamparo y el desvalimiento, ningún niño o niña va a poder sostener sus cuidados de manera autónoma. Esto no se refiere solamente a los cuidados en relación a las necesidades básicas como alimentación, sueño, higiene, sino a lo que se denomina “traducción del mundo". Hay que tener en cuenta que el niño o la niña no van a poder comprender tanto por nociones básicas cognitivas, ya que tiempo y espacio se van a construir lentamente en el desarrollo. No van a poder comprender la posibilidad de un riesgo, resolver algún conflicto  o el vínculo con los otros. Todo lo que tenemos naturalizado en la vida adulta se construye muy lentamente y con la apoyatura de un “otro” traductor del mundo.

Volviendo a este juicio considera que en cada testimonio queda muy claro como estos sujetos que hoy son adultos pueden relatar los hechos que se están tratando en estas audiencias dejado huecos de significaciones; y por eso en algunas de las declaraciones se nota cómo intentaron enlazar alguna palabra, alguna significación y no estuvo ese “otro” presente, ese adulto que faltó en su niñez y hubiera podido traducir las experiencias vividas.

Esto puede ser altamente desubjetivante y 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮 𝘀í𝗻𝘁𝗼𝗺𝗮𝘀 𝘆 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮.

Ante la pregunta de la abogada acerca de cómo caracterizar la vivencia de estos hechos responde que pueden encuadrarse en dos categorías; por un lado la categoría de situaciones extremas y por otro la de trauma psíquico que se podría decir no se refiere a trauma de  una situación sino traumas acumulativos.

Las situaciones extremas son todas aquellas vivencias que por su intensidad son imposibles de representar para el psiquismo. Son situaciones que refieren a  cualquier situación que genere terror; la posibilidad de la muerte sin preparación, la imposibilidad de defenderse. Una situación de peligro extrema, de vulnerabilidad por la infancia misma va a generar en el psiquismo un quiebre y una marca que genera distintos tipos de síntomas. Se puede decir que los seres humanos tenemos dos ejes: la autoconservación y la autopreservación.

La autoconservación implica mantenernos con vida: comer, dormir, descansar, entre otros.

La autopreservación  es el lazo con la cultura, nutrientes que se transmiten en la escuela, la familia, no solo directamente sino de generación en generación y tienen que ver con el marco que nos permite pertenecer a una cultura que nos aloja. Cuando el sujeto, niño o niña, está arrojado a sostener solo la autopreservación y queda relegada la posibilidad de autoconservación, es decir de la comprensión y preservación de los ideales de una cultura, esa situación genera vulnerabilidad y es lo que llamamos situaciones extremas.

Frente a una situación de alto traumatismo este niño o niña no va a estar preparado para metabolizarla, es decir apropiarse, darle un sentido y poder comprenderla para poder encontrarle una solución o poder convivir con ella. La psicóloga sostiene que en este caso la situación de abandono se genera sí o sí para estos niños pues no tenían la capacidad de metabolizar los hechos por sí mismos y tampoco tenían figuras de cuidado como podrían ser su madre o su padre.

También aporta que es casi imposible que esos niños y niñas pudieran comprender sin  la ayuda de un adulto, sus padres, las situaciones que vivieron en el momento de los hechos y que siguieron viviendo durante el tiempo que se relató como desamparo. En cuanto a lo que decía antes de las categorías de tiempo y espacio hay que comprender que en la infancia el tiempo y el espacio son nociones que no están per se en el psiquismo, en la cognición. Entonces ese tiempo que se debe ir incorporando como forma de comprender lo que va sucediendo en el día a día se desorganiza: comer, levantarse, ir a la escuela etc. Se desorganiza la estructura yoica. El impacto de las situaciones que se están tratando aquí tiene que entenderse desde la psicología como el impacto en la desestructuración de un psiquismo que luego dejará marcas en el armado de la subjetividad en el resto de la vida adulta. 

La abogada pregunta por el concepto de crueldad. La testigo conceptualiza que no es una emoción sino un concepto, una categoría que indica todas las formas en que un sujeto por dominación o por objetivar al otro logra llevar a esa persona a un estado de cosificación absoluta. 𝗘𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗷𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗲𝘀𝗮 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗹𝗮 𝗰𝗿𝘂𝗲𝗹𝗱𝗮𝗱 𝗵𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗵𝗲𝗿𝗿𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗹𝗮𝗿 𝘂𝗻 𝗽𝗹𝗮𝗻 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺á𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗼𝗺𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶ó𝗻. 

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 8 (Segunda parte)

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗔𝘂𝗱𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘁𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼

𝗠𝗮𝗿𝘁𝗵𝗮 𝗟𝗲𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮 𝗔𝗻𝗱𝗿𝗮𝗱𝗮. Abogada. Ex asesora legal del INADI. Docente universitaria. Directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Derechos de Infancias y Adolescencias - Facultad de Derecho UNR

Miembro del Centro de Estudios e Investigaciones en Derechos Humanos (CEIDH) “Juan C. Gardella” – Facultad de Derecho UNR

Miembro del Consejo Asesor de Presidencia APDH Rosario

Durante su declaración testimonial de concepto, la Dra. Martha Leticia Andrada expuso un detallado análisis socio jurídico sobre la situación de las infancias afectadas por el terrorismo de Estado.

Sostuvo que la categoría infancia no es un dato ontológico, ahistórico y natural, sino una construcción socio-histórica que varía según la época y lugar, y por lo tanto su análisis debe ser contextualizado. 

Asimismo, posicionada en la postura epistemológica de las teorías críticas del derecho, considerado el derecho como una práctica social más, específica -discursiva- que se enraiza con otras prácticas sociales, las normas jurídicas nos reflejan las tensiones y disputas sociales de cada lugar y momento histórico. 

Refiere que el contexto legal en la Argentina de 1980 era el Régimen de Patronato de Menores instaurado por la Ley Nacional al Nº 10.903 denominada “Ley Agote” del año 1919, en tanto responsabilidad tutelar asumida por el Estado en dar respuesta a los menores que se encontraren material o moralmente abandonados o en peligro material o moral, según los patrones de “normalidad” vigentes en aras del proyecto de Nación pretendido en ese tiempo. Y en esa línea, aparece el rol del Estado como principal garante y protector de la infancia.

Señaló, que en la época en que ocurrieron los hechos juzgados en esta causa (1980) imperaba este sistema del Patronato (tutelar) de Menores, que se fundamentaba y sustentaba en que el Estado era responsable de actuar, ante el abandono o peligro material o moral, en que se encontrare un menor -como se llamaba en ese momento-, por la falta o imposibilidad de quienes debían cuidarlo y protegerlo acorde al régimen de la patria potestad vigente en esa época. Entonces, en esa situación el Estado Nacional o Provincial debía ocupar ese rol de cuidado y protección.

Y en consecuencia, si algún funcionario público tomara conocimiento de desprotección de un menor, por encontrarse el mismo en situación de abandono o en peligro material o moral, como el que estuviere alejado de sus padres entre otras situaciones que preveía la Ley Agote,  remarcó que lógicamente el funcionario público tenía que informar a los órganos pertinentes del Patronato de Menores, para su intervención y a fin de que los jueces competentes adopten las medidas tutelares correspondientes. 

Y si no daba aviso de la situación de la cual se tuvo conocimiento, era el propio funcionario público quien estaba colocando a ese menor en una situación de abandono o en peligro material o moral. 

Mencionó algunas leyes sancionadas en nuestra provincia a fin de organizar y operar el régimen del Patronato de Menores instaurado por la Ley Agote del año 1919, dando cuenta de cómo se fueron modificando en el transcurso del tiempo las normativas que referían a la organización de los Juzgados de Menores, su competencia, secretarías y funciones, donde el Estado asumía un rol de "buen padre de familia" con un poder omnímodo a través de los jueces de menores. 

Asimismo, afirmó que la provincia adoptó en su legislación máxima normativa referida a la necesidad de un especial cuidado de la niñez, y citó el artículo 23 del texto Constitucional de Santa Fe del año 1962, que ya obligaba a la provincia a proteger integralmente a la familia y a procurar que los niños crecieran bajo el amparo de su núcleo familiar, de lo que se concluye que no existía justificación legal alguna para secuestrar, separar o desproteger a ningún niño de su hogar, cuando el mismo estuviere cuidado y protegido por su familia y por tanto no estar inmerso en alguna situación que se consideraba como de abandono o peligro material o moral. Lo que demuestra la importancia que se le daba al tema de la protección de la familia y al cuidado de la infancia, a nivel normativo constitucional desde 1962 y por tanto con vigencia en el año 1980.

Y resaltó, que habiendo sido reformada parcialmente nuestra Constitución Provincial el año pasado (2025), el artículo 23 citado está vigente, dado que ha sido transcripto con el mismo contenido como artículo 25 en el nuevo texto Constitucional aprobado. 

Atento la cosmovisión respecto de la infancia y adolescencia imperante en aquella época de 1980, y a fin de relacionarla en su evolución a la fecha con el transcurso del tiempo, es dable destacar el cambio paradigmático habido a partir de la Convención sobre los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea de Naciones Unidas (1989) que reconoce a cada niño, niña y adolescente como sujetos de derechos, y en clave de derechos humanos. 

La citada Convención, es el instrumento internacional de derechos humanos jurídicamente vinculante para los países que lo han ratificado, y que en la actualidad tiene la ratificación de todos los países que conforman Naciones Unidas, menos de Estados Unidos. 

Dicha Convención fue ratificada por la Argentina mediante ley nacional (1990), hoy con jerarquía constitucional, dado que se la incorporó a la Constitución Nacional en la reforma de 1994. 

Asimismo, dicho tratado cuenta con tres Protocolos Facultativos, ratificados por nuestro país. 

Se destacó la importancia del tercer Protocolo Facultativo relativo a un procedimiento de comunicaciones, como un gran avance porque habilita que en el sistema universal de protección de derechos humanos se puedan presentar denuncias individuales ante el Comité por colectivos de niñeces, o por niños/niñas o sus representantes, sobre violaciones a sus derechos.

Se refirió también a las funciones del Comité de los Derechos del Niño como órgano de contralor a cada Estado parte de la Convención, mediante los informes que deben presentar periódicamente a dicho Comité, a fin de dar cuenta de los avances en la efectividad de los derechos y principios contenidos en la Convención y de sus dos Protocolos Facultativos adoptados en el año 2000 (para los países que los han ratificado).

Hizo mención, al sistema Regional -Interamericano- de protección de los derechos humanos, donde también hay posibilidades de hacer denuncias. Y, se indicó que en el marco de dicho Sistema Regional se aplica la Convención sobre los Derechos del Niño, teniéndose en cuenta el concepto de “corpus juris internacional” de los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes, como por ejemplo en relación al contenido y alcance de la disposición general definida en el artículo 19 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Lo que abreva, en darle cuerpo a la protección especial que se debe a nuestras infancias y adolescencias.

Otra de las funciones del Comité sobre los derechos del Niño, es la elaboración de Observaciones Generales que vienen a dinamizar las interpretaciones de los derechos de la Convención sobre los Derechos del Niño, teniendo en cuenta los informes que hacen los Estados Partes, y  abordando problemáticas de alcance global o de determinadas regiones relacionadas con los derechos humanos de la niñez y adolescencia. 

Actualmente se encuentra en elaboración la Observación General Nº 27, que tiene por objeto el derecho de las Niñas, Niños y Adolescentes al acceso a la justicia y a un recurso efectivo.

Ese acceso a la justicia no es solo a nivel poder judicial, sino en cualquier procedimiento como puede ser administrativo y también en otros ámbitos extrajudiciales como el de mediaciones, u otros procedimientos amigables o componedores que existen a nivel nacional y a nivel internacional.

En dicha Observación, se dan pautas para que las niñeces y adolescencias puedan acceder a la justicia y a recursos efectivos. 

Surge de la misma,  la importancia de escuchar en todo procedimiento a las niñas, niños y adolescentes, que sus voces sean tenidas en cuenta, garantizando su escucha efectiva y considerando su diversidad, habla del uso de un lenguaje claro y sencillo, y que tiene que haber reparaciones.

Que se los escuche, que las opiniones sean tenidas en cuenta, que el paso del tiempo no sea óbice para que no puedan llegar a la justicia, dado que tiene que haber reparaciones, y ya al escuchar,  aunque no fue en el momento, porque no se pudo, porque no hubo posibilidades de hacerlo, que hoy tengan habilitada la palabra y su escucha ante un poder judicial para que se expida tomándose en consideración lo que nos cuentan, lo que nos dicen en relación a sus vivencias, tiene ya un sentido reparador.

Se deja sentado, que la reparación es una parte fundamental del acceso a la justicia, la reparación, no solo del daño material, el daño psíquico que ha ocasionado una situación vivenciada en las infancias, sino también que el estar acá, en este caso, que se los escuchen ante un estrado judicial y se dicte la sentencia esperada es un acto de reparación. 

Esta Observación Nº 27, todavía está en borrador, porque tiene un tiempo su elaboración. Se comenzó con la misma en el año 2024, se consultan a los países, y siempre el Comité teniendo presente los principios de la Convención, el de no discriminación, de supervivencia y desarrollo,  el interés superior del niño y la participación que tiene que ver con la escucha en serio -no una escucha formal-, y asimismo una escucha en la que se consideren las voces de niñas, niños y adolescentes del mundo cuando el Comité está confeccionando estas observaciones generales.

Y por último, por la época de los hechos (1980) y por lo que acá se está planteando,  indicó a dos instrumentos internacionales que ya se referían específicamente a la protección especial de la infancia: la Declaración de Ginebra de la Sociedad de las Naciones (1924) y la Declaración Universal de los Derechos del Niño de Naciones Unidas (1959), sirvieron de inspiración como compromiso moral y político, ninguna de las dos tuvo carácter vinculante (obligatorio) para los Estados.

También se mencionó vigente para esa época, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la Declaración Americana de los derechos y deberes del hombre (1948).

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 8 (Primera parte)

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗔𝘂𝗱𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘁𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼. 

𝘌𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘤𝘳í𝘮𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘦𝘴𝘢 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥, 𝘶𝘯 𝘵𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘤𝘦𝘱𝘵𝘰 (𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰) 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘦𝘹𝘱𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘰 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘪𝘢𝘭𝘪𝘴𝘵𝘢 —𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 á𝘮𝘣𝘪𝘵𝘰 𝘢𝘤𝘢𝘥é𝘮𝘪𝘤𝘰, 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴— 𝘤𝘪𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘹𝘵𝘶𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘳 𝘩𝘪𝘴𝘵ó𝘳𝘪𝘤𝘢, 𝘱𝘰𝘭í𝘵𝘪𝘤𝘢, 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘦 𝘪𝘯𝘴𝘵𝘪𝘵𝘶𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘻𝘨𝘢𝘥𝘰𝘴, 𝘴𝘪𝘯 𝘩𝘢𝘣𝘦𝘳 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘵𝘰 𝘥𝘪𝘳𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦. 𝘌𝘴𝘵𝘢 𝘧𝘪𝘨𝘶𝘳𝘢 𝘫𝘶𝘦𝘨𝘢 𝘶𝘯 𝘳𝘰𝘭 𝘤𝘭𝘢𝘷𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘦𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘮𝘦𝘯𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘳í𝘮𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘢 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘦𝘴𝘤𝘢𝘭𝘢 𝘺 𝘴𝘦 𝘥𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘵𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘰𝘴 𝘥𝘪𝘳𝘦𝘤𝘵𝘰𝘴 (𝘷í𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦𝘷𝘪𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴) 𝘺 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘰𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴. 

La audiencia comenzó con el periodista de investigación 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗙𝗿𝗮𝗱𝗲.

La causa Laguna Paiva demuestra que el objetivo del golpe fue la persecución a los trabajadores con ideas políticas de igualdad y justicia social y también que el secuestro, abandono y abusos contra niñas, niños y adolescentes formaban parte de los manuales de contrainsurgencia que fue distribuyendo el Ejército Argentino a través del Instituto Geográfico Militar entre los años 1967 y 1968 y que cada una de las personas que actuó en el aparato represivo tuvo responsabilidad operativa tal como quedó establecido en el punto 30 de la causa 13 del 9 de diciembre de 1985, en el juicio a las Juntas Militares.

Las políticas represivas se desarrollaron en la Argentina y principalmente en la provincia de Santa Fe desde finales de los años cincuenta con la activa participación de un nacido en Venado Tuerto, Alcides López Aufranc, que tuvo la responsabilidad de traer instructores franceses y luego norteamericanos en todo lo relacionado con la guerra contrainsurgente y luego fue el represor del Cordobazo en mayo del 69 y declarado industrial del año en los noventa cuando estaba a cargo de Acindar, el mismo cargo que supo tener en su momento José Alfredo Martínez de Hoz.

Desde el primero de enero de 1968, el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército comenzó a preparar la labor de los servicios de informaciones de las policías provinciales, entre ellas la santafesina y la rosarina, bajo la supervisión del área de inteligencia 212.

86 desapariciones contabiliza la historia en el Gran Santa Fe, 668 en toda la provincia y 1.800 detenciones, según lo declaró el teniente coronel Eduardo González Roulet en la causa 47.913, Agustín Feced y otros.

La familia de Catalino Páez sufrió la persecución y la violencia institucional sobre 16 niñas, niños y adolescentes a partir de febrero de 1980, cuando el comandante del segundo cuerpo era el general Luciano Jáuregui que reemplazó a Leopoldo Fortunato Galtieri, luego de su ascenso al primer cuerpo de Ejército.

El principal responsable de la brigada de investigaciones de la policía santafesina, Germán Chartier, había ingresado al servicio el 24 de marzo de 1971, demostrándose que la producción de información sobre militantes sociales, políticos, eclesiásticos y estudiantiles venía desde mucho antes del golpe de 1976.

Los secuestros, el abandono y los abusos sexuales contra las niñas, niños y adolescentes que están demostrados en la causa Laguna Paiva están en el contexto de lo declarado por el general Cristino Nicolaides el 13 de enero de 1999 cuando en una causa por robo de bebés en Córdoba sostuvo que lo hacía siguiendo el manual de “operaciones contra fuerzas irregulares”, editado por el Instituto Geográfico Militar entre 1968 y 1969, en el tomo III que habla de “protocolos de protección” y “evacuación” de menores, claro indicio que  también el blanco eran las infancias, tal como lo marca el reglamento RG-08-02.

La causa Laguna Paiva que está encarnada en el martirio de más de una decena de trabajadores de los frigoríficos Nelson y Laguna Paiva, como también obreros del campo, demuestra la realidad de lo que dijo Ramón Genaro Díaz Bessone, el responsables de los centros clandestinos de detención en las seis provincias del segundo cuerpo de ejército (Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos), cuando sostuvo que el golpe se hizo para favorecer al capital y las empresas privadas, en ocasión de visitar la Bolsa de Comercio de Rosario en setiembre de 1977 ya en el cargo de ministro de planificación de Videla.

Pero lo que también demuestra la causa Laguna Paiva es la maravillosa insistencia de los sobrevivientes, los familiares y todos y cada uno de los organismos de derechos humanos que siguen peleando por verdad, memoria y justicia para que alguna vez se democratice la felicidad en estas tierras.

Fuentes: “El litoral, 30 años después. Sangre, dinero y dignidad”, “50 años después. De Videla y Galtieri a Milei”, libros del testigo.

A continuación 𝗡𝗼𝗿𝗮 𝗣𝘂𝗹𝗶𝗱𝗼, Profesora de Historia, Coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencias. 

Explica conceptualmente el impacto en las niñeces a través de las categorías de 𝗰𝗿𝘂𝗲𝗹𝗱𝗮𝗱, 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗼 𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲.

El impacto del terrorismo de Estado sobre las niñeces no puede medirse únicamente bajo las figuras tradicionales de la violencia física; requiere un andamiaje conceptual específico para comprender la desestructuración psíquica y social a la que fueron sometidos estos niños y niñas. Ha analizado fundamentalmente tres ejes conceptuales que articulan esta experiencia: la crueldad, el abandono y la intemperie.

Para comprender cómo estas niñeces quedaron a la 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗺𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲, también hay que entender el quiebre de un modelo médico y psicológico en la Argentina. Lo que el terrorismo de Estado intentó sepultar fue una escuela de pensamiento asistencial y humanista. Aquí es fundamental recuperar los aportes del Dr Florencio Escardó. Escardó revolucionó la pediatría argentina al romper con el viejo modelo asilar e higienista, aquel que aislaba al niño enfermo de su madre y de su entorno bajo una supuesta rigidez médica. Escardó introduce la idea de que el niño no es solo un organismo biológico a reparar, sino un sujeto de derecho inserto en una trama afectiva. Él es quien impulsa la internación conjunta de la madre con el niño y democratiza el espacio hospitalario. El aparato represivo hizo exactamente lo contrario: rompió de cuajo la trama afectiva y restauró la lógica asilar más perversa, tratando a los hijos de los detenidos como objetos peligrosos o tutelables a discreción.

Esta línea de pensamiento humanista es la que luego hereda y consolida la experiencia fundacional del Hospital Garrahan, estructurando equipos interdisciplinarios donde la salud mental y la pediatría social trabajaban juntas para alojar el sufrimiento del niño.

La 𝗰𝗿𝘂𝗲𝗹𝗱𝗮𝗱 en este contexto no se define simplemente como el exceso de violencia, sino como un mecanismo institucional y sistemático de deshumanización. Se manifiesta en la ruptura deliberada de los lazos de protección primarios del niño. Separar a un niño de sus padres en el marco de un operativo violento, obligarlo a presenciar el maltrato o la tortura de sus progenitores, o mantenerlo en un entorno de hostilidad absoluta, constituye un acto de crueldad planificada. Es la anulación total de la empatía por parte del Estado hacia un sujeto en pleno proceso de constitución subjetiva. El dispositivo represivo utiliza la vulnerabilidad extrema de la infancia como un vector para amplificar el daño familiar y social.

Tradicionalmente, la idea de 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗼 se asocia a la negligencia familiar. Sin embargo, en el marco del terrorismo de Estado, operó lo que denominamos un "abandono institucional o jurídico provocado". El Estado, que constitucionalmente debe garantizar la tutela, la identidad y la seguridad de las infancias, se convirtió en el agente activo de su desamparo. Al desaparecer a sus padres, omitir el registro de su paradero, derivarlos clandestinamente a juzgados de menores sin la debida notificación a sus familias biológicas o tratarlos formalmente bajo la categoría burocrática de "menores derivados de procedimientos antisubversivos", el aparato estatal los despojó de su condición de ciudadanos y de sujetos de derecho. Es un abandono jurídico absoluto, donde la ley se retira para dar paso a la total arbitrariedad de la fuerza.

Finalizamos esta primera entrega con 𝗔𝗻𝘁𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗦𝗲𝗯𝗮𝘀𝘁𝗶á𝗻 𝗚𝘂𝗶𝗹𝗹𝗲𝗿𝗺𝗼 𝗥𝗮𝗺𝗼𝘀. Ex Juez de Familia.

A petición de la abogada de la querella Ramos detalla su extenso recorrido en el ámbito judicial y académico. Explica que se graduó como abogado en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en 1974 e ingresó como empleado auxiliar al Poder Judicial en 1975. Relata la evolución de su carrera judicial hasta ser  fiscal y juez penal correccional. Finalmente, indica que se jubiló bajo el cargo de juez de sentencia penal. Del mismo modo tuvo una importante actividad docente en la UNR a partir de 1983. Ya jubilado, es miembro del Centro de Estudios e Investigación en Derechos Humanos "Juan Carlos Gardela" y consejero de la APDH Argentina.

Afirma conocer los hechos juzgados, específicamente los ocurridos en las localidades de Lima y Esperanza, a través de la lectura de la requisitoria de elevación a juicio facilitada por la querella.

La querella fundamenta la presencia del testigo explicando que el abandono de persona no es un delito que se juzgue habitualmente en el fuero federal, sino en el provincial y bajo contextos muy distintos (como accidentes de tránsito). Por ello, le pide su opinión dogmática sobre cómo encuadran los hechos de la causa en el artículo 106 del Código Penal.

El Dr. Ramos aclara que utilizará la dogmática como una herramienta y procede a resumir los casos.

Caso de ciudad de Lima el 15 de febrero de 1980: Un operativo policial buscaba detener a Arnaldo Catalino. Al no encontrarlo, secuestran a la madre de los niños, quien es arrastrada del cabello frente a sus hijos. Los menores quedan desamparados a cargo de una hermana de 13 o 14 años. Tras un breve traslado a Zárate, regresan solos y deben subsistir gracias al trabajo de la hermana mayor trabajando en un horno de barro.

Caso de ciudad de Esperanza  el 8 de febrero de 1980: La madre de los niños es interrogada por su parentesco con Arnaldo Catalino (era su hermana). Tras confirmar el vínculo, las fuerzas policiales la detienen y sus hijos quedan completamente solos en el lugar.

El testigo concluye el relato de los dos operativos, en ese momento  el presidente del tribunal interrumpe formalmente la declaración para advertirle a la querella que el testigo parece estar introduciendo valoraciones jurídicas y adelantando un alegato, en lugar de brindar un testimonio de concepto estrictamente técnico.

El presidente del tribunal frena el relato  advirtiendo que el testigo, dado su condición de exmagistrado, está realizando un análisis legal que se asemeja más a un alegato anticipado. Le solicita a la querella limitar el interrogatorio a aspectos conceptuales abstractos sin que el testigo califique los hechos que el propio tribunal debe juzgar. La abogada de la querella argumenta que la intención no es suplantar el rol de los jueces, sino ilustrar al tribunal. Explica que es la primera vez que se intenta juzgar el delito de "abandono de personas" como un crimen de lesa humanidad en el fuero federal. 

Justifica la necesidad del testigo experto para contrastar la aplicación tradicional de esta figura en la justicia provincial con el contexto del terrorismo de Estado. 

Objeción de la Defensa (Dres. Garrone y Sánchez). La defensa se opone formalmente al testimonio. Sostienen que un testigo experto en derecho no puede aplicar la dogmática al caso concreto del juicio porque eso contamina la imparcialidad del tribunal y asume el rol de un abogado litigante. Destacan que la opinión de Ramos tiene una carga valorativa superior por haber sido magistrado.

El presidente rechaza la oposición de la defensa y decide continuar escuchando al testigo, bajo la recomendación de que las respuestas sean concretas. Aclara que los jueces tienen absoluta claridad sobre su función y el derecho, y que evaluarán el verdadero alcance legal del testimonio al momento de dictar la sentencia. 

Una vez reencauzado el testimonio mediante preguntas genéricas,  Ramos desarrolla los siguientes conceptos sobre el artículo 106 del Código Penal: El Sujeto Activo y el Sujeto Pasivo. Explica que el artículo 106 contempla tres estructuras típicas distintas. En el caso del "abandono propiamente dicho", el sujeto activo no puede ser cualquiera; requiere una cualificación especial, es decir, el autor debe tener una posición de garante debido a la obligación legal de mantener o cuidar a la víctima. El sujeto pasivo (la víctima) en esta modalidad debe ser estrictamente un incapaz de valerse por sí mismo. Por el contrario, en el último párrafo del artículo (cuando el propio autor genera la incapacidad), el sujeto activo y la víctima pueden ser genéricos.

La Mutación del Dolo (Culpa a Dolo) El testigo define conceptualmente el dolo en su término genérico: "saber lo que se hace y hacer lo que se quiere" (conocimiento y voluntad). Explica que en los tribunales ordinarios provinciales, el abandono de persona suele estar precedido por un delito culposo (por ejemplo, un accidente de tránsito). Detalla un fenómeno subjetivo particular: en los accidentes, el autor actúa inicialmente con culpa (negligencia o imprudencia), pero al momento de decidir huir y dejar a la víctima desamparada, su subjetividad muta en cuestión de segundos de culposa a dolosa (dolo directo). Señala que la jurisprudencia ordinaria es extremadamente cautelosa para no encuadrar esto erróneamente como un dolo eventual.

El Dr. Ramos enfatiza que el núcleo de la acción típica no es el acto físico de abandonar, sino la "puesta en peligro" efectiva de la vida o la salud de la persona. Las acciones de exponer o dejar en desamparo son los medios que conllevan a dicho peligro concreto. 

Explica que las reformas históricas de la ley (como la de 1976 y 1984) fueron expandiendo el contenido típico para otorgar una mayor jerarquía y tutela al bien jurídico protegido, siendo la vida la máxima prioridad de la escala penal.

Finalmente, señala que en la justicia provincial los casos de abandono intrafamiliar suelen estar vinculados a omisiones crudas ligadas a problemáticas sociales extremas, tales como situaciones graves de desnutrición o falta absoluta de atención médica hacia niños o adultos mayores incapacitados.

𝘾𝙤𝙣𝙘𝙡𝙪𝙮ó 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙖𝙗𝙖𝙣𝙙𝙤𝙣𝙤 𝙙𝙚 𝙢𝙚𝙣𝙤𝙧𝙚𝙨 𝙙𝙪𝙧𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙙𝙞𝙘𝙩𝙖𝙙𝙪𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙛𝙞𝙜𝙪𝙧𝙖 𝙙𝙤𝙡𝙤, 𝙮𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙛𝙪𝙚𝙧𝙯𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙧𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙘𝙤𝙣𝙤𝙘í𝙖𝙣 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙞𝙜𝙧𝙤 𝙖𝙡 𝙙𝙚𝙨𝙖𝙢𝙥𝙖𝙧𝙖𝙧 𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙣𝙞ñ𝙤𝙨 𝙩𝙧𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙩𝙚𝙣𝙚𝙧 𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙥𝙖𝙙𝙧𝙚𝙨.

jueves, 4 de junio de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 7 

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

𝗜𝗻𝘀𝗽𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗷𝘂𝗱𝗶𝗰𝗶𝗮𝗹 en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR)

Por El Colectivo de la Memoria

En el marco del juicio por la causa Laguna Paiva II, un grupo de sobrevivientes (integrantes de la familia Páez-Medina y otros testigos) junto a jueces y fiscales realizaron la primera inspección judicial en la ex Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Santa Fe (donde hoy funciona la Jefatura de Policía de la Unidad Regional I). El objetivo fue reconocer el edificio donde estuvieron cautivos hace 46 años durante la última dictadura militar.

A pesar de las transformaciones edilicias actuales (nuevas oficinas de durlock), la recorrida permitió confirmar la existencia de espacios clave del circuito represivo descriptos en los testimonios:

 . Identificaron un baño en la planta alta y una pequeña ventana gracias al recuerdo del accidente de uno de los detenidos (Miguel Páez), lo que permitió ubicar el salón exacto donde la familia estuvo encerrada un mes.

. Se reconoció una escalera bajo la cual los policías obligaban a esconderse a los detenidos para ocultarlos cuando llegaban inspecciones de organismos internacionales.

. Graciela Páez aportó datos que reforzaron la hipótesis de que, aun estando aislada y vendada, siempre permaneció en el mismo edificio.

𝗖𝗼𝗻𝗺𝗼𝘃𝗲𝗱𝗼𝗿

La escena más conmovedora llegó hacia el final del recorrido. Al salir por un sector distinto al utilizado para el ingreso, Susana Medina reconoció el edificio como el lugar al que había sido llevada cuando tenía apenas 13 años.

Durante su testimonio había relatado que, tras el secuestro de su madre, fue trasladada por hombres de civil a distintos lugares mientras buscaba desesperadamente información sobre su familia. En una de esas dependencias observó un cuadro con fotografías en blanco y negro donde aparecían sus padres, tíos y otros familiares.

"Yo venía buscando a mis padres", recordó durante la inspección, y agregó: "La idea mía era ver si podía ver la foto de mi mamá o de mi papá". Luego, frente al edificio, expresó su certeza de que "era una comisaría, pero no sabía cuál era el lugar".

La recorrida permitió que aquel recuerdo fragmentario encontrara finalmente una ubicación concreta. Casi medio siglo después, pudo identificar el sitio donde comprendió por primera vez que gran parte de su familia se encontraba detenida.

Desde la querella, la abogada Noelia Zarza destacó el alto valor simbólico y procesal de la medida, ya que permitió materializar y validar jurídicamente los relatos de las víctimas. El proceso continuará la semana siguiente con una nueva inspección en el ex Departamento de Informaciones (D2), buscando acreditar que ambos sitios formaban parte del mismo entramado represivo

miércoles, 20 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 6 

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗢𝘃𝗶𝗱𝗶𝗼 𝗔𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼, 𝗲𝗹 𝗕𝗶𝘆𝗶

Recuerda sus días de estudiante. Se conocen con Leonel Gaitán desde 1970, después se encuentran en el Colegio Universitario y en la Facultad de Ingeniería Química. Vivieron en varios domicilios y comenzaron a militar juntos en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

A mediados de 1980  detienen a Leonel. De esto se enteran por Elena (era su novia), a quien alguien llama para avisarle. El abogado ni siquiera se anima a presentar un Habeas Corpus. Cuando sale de su detención, le cuenta de las torturas a las que fue sometido en la GIR y en Inteligencia de la provincia, sita en San Martín y Obispo Gelabert. Varios meses después lo trasladan a Rawson, de donde sale en libertad.

Y la justicia? Bien, gracias: supo que  el juez Brusa le toma declaración encapuchado.

𝗥𝗶𝗰𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗚𝗮𝗹𝘃á𝗻, 𝗲𝗹 𝗧𝘂𝗿𝗰𝗼

El 10 de abril de 1980 trabajaba en una fábrica de mosaicos (Lombardi) en Santa Fe, cuando llegan algunos hombres, lo sacan afuera, lo esposan y se lo llevan, sin mediar ninguna orden, ni siquiera oral. Su primer destino es Inteligencia de la provincia, que está en San Martín y Obispo Gelabert, allí lo mojan y le pegan con correas. Pide ir al baño y a la vuelta un policía lo interroga y les ordena a otros que le sequen el calabozo y le den comida.

Al otro día le vuelven a pegar y, en un momento dado, le sacan la capucha y uno de ellos les dice que es amigo de su hermano (Rodi). Se da cuenta que es Breson, escribiente de Quirelli (juez federal), que iba siempre con los Palamedi.

Su hermano le preguntó a Brusa sobre él, y éste lo negó.

Se acuerda de un capataz del Frigorífico  Nelson que murió mientras él trabajaba allí. Con varios compañeros más habían formado una agrupación por distintas reivindicaciones. Después de 10 días lo llevan a la comisaría 5ta. , donde se reencuentra con todos los presos de Laguna Paiva. Les inician una causa por Asociación Ilícita y tenencia de armas, que al tiempo tienen que desestimar. Es liberado el 10 de abril de 1984.

Una vez en libertad, pasa por distintos trabajos. Una compañera de trabajo lo lleva a su casa para hacer distintos arreglos y durante su visita vuelve el marido, que era policía. Él lo reconoce como un tal González, uno de los que lo había secuestrado y pegado.

Uno de los policías de Paiva (Solís) le dijo: a estos negros tendrían que haberlos matado a todos en el ’55. Son todos comunistas... Estuvo con todos los Páez y cada uno de ellos contó algo de su caída. Luego, les dijeron que los llevaban a Coronda, pero, en lugar de ello, van a parar al penal de Rawson. Desde allí recuperarán su libertad.

𝗖𝗹𝗮𝘂𝗱𝗶𝗮 𝗔𝗹𝗲𝗷𝗮𝗻𝗱𝗿𝗮 𝗚𝗮𝗹𝘃á𝗻

Recuerda que cuando se llevaron a su papá (Ricardo Galván) todos ellos eran chicos. Tuvieron que ir a vivir con sus abuelos para que la mamá pudiera buscar a su papá, que estaba desaparecido. Ella es la única que se queda con su mamá. Finalmente, lo encontraron golpeado y detenido.

No entendió en ese entonces qué le pasó a su papá, pero ahora que es grande, sí. “𝘝𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘢 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘢𝘳 𝘢 𝘮𝘪 𝘱𝘢𝘱á, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘴𝘪𝘯 é𝘭 𝘺 𝘴𝘰𝘭𝘰𝘴”. Después de un año, fue a vivir con sus abuelos y nunca más vio a su mamá. Cuatro años sin verlo, dos veces fue a la cárcel.  

Tenía 11 años.

𝗙𝗿𝗼𝗶𝗹á𝗻 𝗔𝗴𝘂𝗶𝗿𝗿𝗲

Cuando lo secuestran tenía 17 años. Lo hace la patota del ’76: "Mono" Jaime, "Pollo" Colombini, "Morrongo" Martínez, Valdés, Insaurralde. Dalmacio Vázquez, quien era policía, dice que vio a Martínez Dorr llevarse en brazos a Alicia López, moribunda o ya muerta. El mismo fue detenido y estuvo a disposición del PEN. Lo reintegraron sin uso de armas ni uniforme. 

Cuando lo liberaron, lo pusieron en el régimen de Libertad Vigilada, por lo que tenía que firmar su presencia cada tres días y cada 15 concurrir a los altos de la comisaría 4ta. para lo mismo. A veces le hacían amenazas veladas.

Recuerda a sus compañeros de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que fueron violentados y golpeados más que él y eran más chicos, sin tantas armas para entender lo que les estaba pasando. No se comprende cómo lo pudieron hacer.

En democracia, con sus abogados que fueron, en primer término Coco Pedraza y luego Horacio Coutaz, logró llevar a juicio y  condenar a uno de sus verdugos, Martínez Dorr.

martes, 19 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 5

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇

Comienza a dar detalles sobre sus convicciones personales y su experiencia laboral como obrero, señalando su percepción de la justicia y cómo fue tratado durante su detención. Menciona aspectos cotidianos y privaciones de su encierro: "𝘔𝘦 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴, 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘰 𝘤𝘶𝘢𝘵𝘳𝘰 𝘥í𝘢𝘴 𝘯𝘰 𝘴é, 𝘮𝘦 𝘥𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘶𝘯 𝘱𝘢𝘯𝘤𝘪𝘵𝘰 𝘮𝘪ñó𝘯 𝘺 𝘶𝘯 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘴𝘰𝘱𝘢". Relata cómo estuvo colgado y las interacciones o discusiones entre el personal que lo custodiaba (mencionando apellidos como Ramos y Solís) al momento de moverlo o registrar su ingreso al calabozo.

Describe la disposición física del lugar donde se encontraba cautivo, haciendo alusión a un cuartito, las paredes de la época y la presencia de otras personas detenidas en las esquinas o celdas contiguas, incluyendo a un policía de apellido Segovia.

Detalla las intimidaciones que recibió para prestar declaración bajo coacción: "𝘌𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢𝘤𝘩𝘰 𝘥𝘪𝘤𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵á 𝘪𝘯𝘥𝘦𝘤𝘪𝘴𝘰 𝘴𝘪 𝘷𝘢 𝘢 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘳... 𝘴𝘪 𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢 𝘷𝘢 𝘢 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘪𝘳 𝘢𝘭 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘷𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘪é𝘯". A raíz de esto, explica que terminó firmando un documento sin leerlo ni recibir lectura del mismo...

Describe la metodología de los tormentos físicos. Señala que intentaba mirar por debajo de la venda para ver cuándo venían los golpes ("venían a pegar garrotazos"). Relata: "𝘈 𝘮í 𝘮𝘦 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘨𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘺 𝘮𝘦 𝘱𝘰𝘯𝘦𝘯 𝘢𝘩í 𝘢𝘳𝘳𝘪𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘵𝘳𝘢𝘷𝘦𝘴𝘢ñ𝘰... 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘴𝘱𝘰𝘴𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘮á𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘺𝘰 𝘮𝘦 𝘮𝘰𝘷í𝘢 𝘺 𝘮𝘦 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮á𝘴". Menciona que le aflojaron las esposas en dos oportunidades y que le tomaron declaración en un sector que parecía un sótano.

Vincula recuerdos de su vida como trabajador de la construcción con la vecindad de la vivienda de Eduardo Enrique Riulli. 

Explica una frase que le habría dicho Riulli durante los tormentos para instarlo a ceder: "𝘕𝘰 𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘢 𝘭𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘢 𝘊𝘢𝘵𝘢𝘭𝘪𝘯𝘰..." Precisa que esto ocurrió durante los primeros interrogatorios, estimando la fecha entre el 5 y el 10 de un mes determinado, poco después de su detención el día 3.

Comenta las referencias del entorno que alcanzaba a oír, como los gritos provenientes de la cancha del club Unión durante los partidos de fútbol o la cercanía de una escuelita, elementos que en su momento lo confundían respecto a la localización exacta del predio.

Ante la pregunta de cómo transcurrieron esos 25 días de detención, resume la rutina de violencia afirmando que consistía en "𝘪𝘯𝘵𝘦𝘳𝘳𝘰𝘨𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘨𝘢𝘳𝘳𝘰𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰... 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘥𝘰𝘴 𝘰 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘦𝘤𝘩𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘢𝘨𝘶𝘢".

Retoma anécdotas de su actividad gremial u obrera y las discusiones con las patronales de la época relativas a aumentos salariales del 10% y las suspensiones o despidos que enfrentaba debido a sus reclamos. Desde la GIR es llevado al penal de Rawson.

𝗔𝘂𝗿𝗼𝗿𝗮 𝗚ó𝗺𝗲𝘇, esposa del testigo anterior. Relata que el 3 de abril de 1980 su esposo fue detenido, durante la madrugada por policías y militares, que  golpearon y patearon las puertas, alcanzó a calzarse y salió en paños menores, lo esposaron. Hicieron gran revuelo en la casa, los niños se despertaron y lloraban. La mayor de 7 años. Los sacaron afuera mientras  buscaban armas. Traían armas largas. Había camionetas y a él lo subieron a un camión, sin orden de detención, entraron de prepo y a los gritos. Lo tuvieron esposado contra la pared.

No le dijeron adonde lo llevaron. Al otro día fue a la comisaría a preguntar si estaba detenido, le dijeron que no. Así transcurrieron casi 30 días en que estuvo desaparecido. Al único que conocía era el comisario Mendoza y a Riulli que era del pueblo, disc jockey muy conocido. De alguna manera su cuñado se enteró que estaba en la comisaría 3ra,  ahí le permitieron verlo  calcula que había bajado 30 kilos. Lo habían tenido colgado y fue torturado, lo llevaron del calabozo al patio y ahí pudieron conversar. No le daban alimentos, alguna vez

 Ahí recibió visitas los sábados, ella organizaba las visitas llevando 2 por vez, por último las nenas no querían ir porque las requisas eran rigurosas, las toqueteaban. 

Su cuñado también estuvo detenido, él supo quedar sin habla por un tiempo largo por las torturas que recibió, su hermana era la mujer y por eso lo conocían. 

Las edades de sus hijos eran uno de 11 meses, 3, 6 y 7 años. Tuvo que salir  a trabajar en casas de familias,  mientras  su mamá la ayudaba con el cuidado de los chicos.

 En 1984 salió en libertad,  cuando estuvo en Rawson los organismos de derechos humanos la ayudaron con pasajes y hospedaje y siempre llevaba los niños, ahorraba unos pesitos para poder ir. Las visitas eran por un vidrio, los chicos lloraban porque querían tocar al padre. 

 Vivian en Laguna Paiva, y cuando recupera la libertad  luego de 4 años, sin trabajo, era ella la que trabajaba. Finalmente él se dedicó a la construcción, después entró al ferrocarril. 

Ella entró a una clínica con un sueldo y así comenzaron a salir adelante. 

𝗬𝗮𝗻𝗶𝗻𝗮 𝗦á𝗻𝗰𝗵𝗲𝘇, 50 𝗮ñ𝗼𝘀. 

Tenía 5 años para 6, era la madrugada y estaban durmiendo cuando  golpearon la puerta, a los gritos. Se llevaron al papá. Le pedían que  no se lo lleven, la  mamá los contenía y a la vez preguntaba “Porque se lo llevan?”. Vivían con su abuelo de parte de su mamá, al fondo de la casa de sus abuelos, en un ranchito. Su hermana tenía 7 años, otro de  3  y un bebé. Después de un mes supo que estaba detenido en Santa Fe, y lo empezaron a ver. 

La madre  preguntaba donde lo tenían, hasta que supo que estaba en Santa Fe. Lo volvió a ver cuándo le dieron permiso para recibir visitas, en las requisas ella era manoseada, así que no quiso volver. 

Su papá trabajaba en un frigorífico, tenían un gremio para la defensa del personal y estaban con el tema de los sueldos mal pagos.

En los 4 años que su papá estuvo detenido la madre salió a limpiar casas para darles de comer.

𝗛𝘂𝗴𝗼 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗦𝗶𝗹𝘃𝗮,  79 𝗮ñ𝗼𝘀.

 Trabajaba en el ferrocarril y un día a la salida,  lo esperaba un comisario de Laguna Paiva y le dijeron lo tenían que  tutelar. Le explicaron que a lo mejor era un mal entendido, lo metieron en un calabozo, a la noche su familia fue a preguntar y negaron que estaba ahí pero en realidad sí  estaba. Al otro día lo subieron en un Falcon verde, iban muy rápido por el camino a Nelson, luego fue encapuchado, lo tiraron al piso y comenzaron a golpearlo. Al llegar a un destino durante una semana fue esposado a  una puerta y colgado ahí  le pegaron mientras era interrogado y  le echaban agua fría. Reconoció la  voz de Riuli ya que salía a hacer propagandas y animaba fiestas. Era simpatizante del PRT  participó en un congreso en  Tucumán, Chaco y Córdoba. De ahí lo  llevaron a la comisaria primera, a cargo del comisario Córdoba, estuvo sin capucha. Luego lo llevaron a tomar declaraciones con Bruza, que se presentó como juez. Estuvo 1 año y 2 o 3 meses en la GIR  y de ahí fue al penal de Rawson. De allí lo trasladaron a la cárcel de Caseros, de La Plata y finalmente a la de Devoto, de donde recupera la libertad  el 16 de febrero de 1983. Estuvo preso por la Ley 20840, por comentarios supo que tuvo una condena de 3 años y medio.

Víctor Hugo Silva, 52 años

Hijo de Hugo Alberto Silva, tenía 6 años, cuando llegaba de la escuela vio como en su hogar estaba la policía y lo llevaron detenido a su padre. Recuerda perfectamente ese momento y le preguntó a un policía porqué se lo llevaban  y le dijeron que era un trámite. Su padre estuvo un tiempo desaparecido, lo volvió a ver en la GIR.  Uno de los que lo detuvo fue un policía Mendoza, también supo que su padre reconoció la voz de Riulli, ya que grababa con su voz publicidades, recorriendo Laguna Paiva con una “callejera”  

Con el tiempo supo que estuvo  en muchos lugares hasta que llegó a la GIR, donde lo pudo visitar. 

Su padre estuvo en Rawson y otras cárceles. Fue una época muy dura, pudieron subsistir gracias a la ayuda de abuelos, tíos y a que su madre trabajaba en casas de familia.

Se negó a responder lo que su padre le dijo sobre las torturas.

𝗟𝗲𝗼𝗻𝗲𝗹 𝗢𝘀𝗰𝗮𝗿 𝗚𝗮𝗶𝘁á𝗻. Detenido desaparecido y luego condenado.

El 24 de julio de 1980 fue interceptado en la  vía pública en calle San Martin y Lisandro de la Torre, mientras estaba charlando con un ex alumno del Colegio Industrial, le dio tiempo de dejarle el número de teléfono de su novia para que le avise, algo que hizo.

 Lo llevaron caminando hasta la jefatura, por averiguación de antecedente, uno le dice: así que te querés ir de la provincia?. En realidad estaba buscando trabajo en el Chaco, pero no lo contrataban porque los servicios de  inteligencia lo estaban buscando. Intenta entrar en Centro de Cómputos pero  no le permiten ingreso por un informe negativo. Allí le aconsejan que se vaya del país, tenía pensado ir a Venezuela.

 Al otro día le dieron la libertad, pero a la salida  lo subieron a un auto y lo llevaron a Obispo Gelabert y San Martín. Lo interrogaron sobre su militancia, con quienes había vivido, a lo que dijo que era de la JUP  y que vivió en el Colegio Mayor. Recibió golpes y a las 4 de la mañana lo llevaron a una casa en un lugar descampado, ahí lo torturaron, simularon un tiro y le tomaron una declaración que lo obligaron a firmar. El 28 fue trasladado a la GIR, le sacaron la venda delante de Perizotti. Estuvo solo alrededor de 1 mes y después fue a un pabellón donde conoció a los compañeros de Paiva. Recuerda a Catalino Paez, Arrazcaeta, Alsogaray y otros, en julio de 1981 fue trasladado a Rawson recuperando la libertad el 14 de diciembre de 1982

𝗥𝗮ú𝗹 𝗖𝗵𝗶𝗮𝗿𝘁𝗮𝗻𝗼. Testigo de Leonel Gaitán. 

Raúl fue detenido en Rosario en julio de 1976, recuperando la libertad en  abril de 1979. Pertenecía a la JUP y a Montoneros con Leonel compartieron carrera, vivienda y militancia Supo que en 1980 fue detenido,  en esa época ya residía en Córdoba.

Si bien fue detenido en Rosario, como toda su actividad la había desarrollado en Santa Fe, le abrieron una causa legal en ésta ciudad, en esa circunstancia lo conoció  a Brusa.

De este modo además de estar a disposición del P.E.N.,  tuvo  causa a cargo del Juez Mántaras. En 1977 en la cárcel de Coronda, lo llevaron a un lugar donde estaba Brusa para tomarle declaración. Fue una  mala experiencia ya que querían  inculparlo de hechos delictivos.  El interrogatorio fue áspero ya que se negó a firmar, fue amenazado con llevarlo nuevamente a sala de torturas y golpeado con total impunidad y cobardía. 

La defensa Interrumpe alegando que se sale del marco, ya que fue citado como testigo de  Gaitán.  

El tribunal no hace lugar, ya que la pregunta es sobre la conducta de uno de los acusados.

Continua explicando que recibió notificación de sobreseimiento provisorio, nunca vio al juez Mántaras ni a un abogado defensor, solicitó sobreseimiento definitivo lo que  fue negado, al salir en libertad en abril de 1979 comienza a  gestionarlo, cuando lo logra, nuevamente se cruzó con Brusa que lo vuelve a amenazar.

Termina con la siguiente reflexión: “𝘘𝘶𝘦𝘳í𝘢 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘳𝘭𝘦𝘴 𝘢𝘭 𝘵𝘳𝘪𝘣𝘶𝘯𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴, 𝘭𝘢𝘴 𝘷í𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘕𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘴𝘢𝘤𝘢𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘢𝘳𝘨𝘢 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘥𝘢. 𝘚𝘪 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 45, 50 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘢𝘵𝘳á𝘴... 𝘺 𝘭𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢 𝘵𝘢𝘳𝘥𝘦, 𝘯𝘰 𝘦𝘴  𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘮𝘶𝘺 𝘴𝘢𝘯𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘪𝘥𝘦𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘥𝘰. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘮𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘴𝘤𝘦𝘯𝘥𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘺 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰, 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘴𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘈𝘳𝘨𝘦𝘯𝘵𝘪𝘯𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰... 𝘕𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘦𝘨𝘶𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯𝘻𝘢, 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘢í𝘴 𝘥𝘦 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘢. 𝘚𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘩𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘨𝘢 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘰 𝘵𝘶𝘷𝘪𝘮𝘰𝘴. 𝘓𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘪𝘤𝘪𝘰𝘴  𝘺 𝘦𝘭 𝘭𝘰𝘨𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘢𝘳𝘢𝘯𝘵í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘳 𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘢𝘴, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦  𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘢𝘣𝘦𝘳𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘢𝘯 𝘢 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳. 𝘈𝘴í 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘨𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘴𝘰 𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘩𝘢𝘣𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢𝘥𝘰.”

jueves, 14 de mayo de 2026

CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 4. 2da parte. 

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔

 𝗝𝗲𝘀ú𝘀 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗣á𝗲𝘇 - 52 años

Ante la pregunta del juez sobre si él y su familia fueron detenidos durante la última dictadura cívico militar responde que sí. Fue en el mes de febrero de 1980 y estaban jugando en su casa  porque era el día del cumpleaños de su hermano Ramón. Él tenía 6 años.

Cuenta que llegaron unas personas que les desparramaron todos los juguetes, no recuerda bien el horario pero supone que era  a la tarde. También recuerda andar caminando en la zona del horno donde había un salón grande que era como una matera donde se juntaban todos a tomar mate. Estaban los empleados y una cantidad de personas con armas, él andaba allí a las vueltas, tal vez no se daba cuenta lo que estaba pasando. Luego se fue a su casa y no sabe qué ocurrió el resto del día. Eran  muchas personas y había gente por todos lados.

Su próximo recuerdo es haber andado caminando por Zárate, pero no sabe cómo se fueron, y luego haber estado en una casa donde jugaban con otros chicos. También estuvo en una guardería o algo así. Allí se quedaron hasta que llegó su mamá. Estaba con dos de sus hermanos, supone que cuando volvió su mamá fue que se reencontró con el resto.

Se fueron para el norte, no recuerda bien si Huanqueros o Esteban Rams donde vivía una tía.

Ellos vivían en Paiva, recién de grande supo que se fueron porque su padre trabajaba en un frigorífico pero no sabe bien por qué.

No puede precisar sobre el tiempo que pasó hasta que volvió a ver a su papá y a Mario, sí que iban a visitar a su papá a la cárcel pero no recuerda  cuál. Tiene poca precisión respecto a estos hechos, no lo hablaba con sus hermanos. Sabe que estuvo en Coronda, Rawson y Devoto

Su madre le contó cómo fue la detención, sabe que estuvo presa con Mario en Santa Fe pero no dónde. No hablaba mucho con su padre sobre el tema, todo lo sabe por su mamá, también por Mario y alguno de sus tíos.

Su madre fue golpeada cuando los detuvieron, fue Riulli quien le pegó, ella en un momento se levantó la capucha y  lo vio. Pero su padre fue más torturado.

Ya en libertad, su papá  vio a  Riulli en Laguna Paiva porque era animador de fiestas. Fue a hablar con el Intendente  para decirle que era un represor, y allí comenzó a conocerse quién era Riulli.

Se emociona mucho al final, dice que no comprende por qué sucedió todo eso.

 Mónica, su hermana mayor, se hizo cargo de todos ellos.

 Después del secuestro de los padres su situación económica empeoró.  Era una familia muy humilde, muchos hermanos, pero luego de que se llevaran a sus padres y el hermano mayor, no tenían quién los ayudara más que Mónica y  otro hermano.

“𝙇𝙖𝙨 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙚𝙘𝙪𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙛𝙪𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙢𝙪𝙘𝙝𝙖𝙨; 𝙣𝙤 𝙩𝙪𝙫𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙖𝙩𝙚𝙣𝙘𝙞ó𝙣, 𝙩𝙖𝙢𝙥𝙤𝙘𝙤 𝙪𝙣 𝙢é𝙙𝙞𝙘𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙪𝙡𝙩𝙖𝙧. 𝘾𝙪𝙖𝙡𝙦𝙪𝙞𝙚𝙧 𝙚𝙣𝙛𝙚𝙧𝙢𝙚𝙙𝙖𝙙 𝙡𝙖 𝙖𝙛𝙧𝙤𝙣𝙩á𝙗𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙨𝙤𝙡𝙤𝙨, 𝙚𝙨𝙤 𝙣𝙤𝙨 𝙖𝙛𝙚𝙘𝙩ó 𝙥𝙤𝙧 𝙨𝙪𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙤”

Cuando volvió el padre se despertaba muchas noches gritando, y  su hermano Mario también. Mónica quedó mal, con muchos problemas de salud. Respecto a qué espera  de este juicio responde que una condena, ya que ninguna razón justifica lo que hicieron. Recién aquí se le quiebra la voz y se emociona mucho recordando los relatos de sus padres y familiares.

𝗖𝗲𝗳𝗲𝗿𝗶𝗻𝗼 𝗠𝗮𝗿𝗰𝗼𝘀 𝗣á𝗲𝘇 - 47 años

Comienza diciendo que cuando llegaron a Laguna Paiva su madre fue relatando lo que había  sucedido. Su padre era empleado del Frigorífico Nelson, formaba parte de un sindicato que defendía a los trabajadores y por ese motivo pasó a ser un perseguido político. Debido a esta situación se vieron obligados a dejar la casa; anduvieron por diferentes lugares hasta que se establecieron en Lima, Provincia de  Buenos Aires. Comenzaron a trabajar en una fábrica de ladrillos y ahí fue donde los secuestraron de forma muy violenta. Su madre fue arrastrada de los pelos a pesar de estar embarazada. Su padre sufrió días de tortura y su hermano Mario, el mayor, fue detenido siendo menor de edad. Además, la casa fue prácticamente destruida.

A partir de ese momento vivieron situaciones de mucha carencia, de abandono.

Quedaron a cargo de Mónica, su hermana de 12 años. Ella tuvo que empezar a trabajar, no solo habían destruido la casa sino que los habían dejado sin ninguna clase de sustento. Ante la situación hizo una denuncia en la comisaría, pero la respuesta fue que  probablemente sus padres estuvieran muertos.

Luego comenzaron a  recibir ayuda, cree que de la Cruz Roja y algunos familiares. De todas formas no era posible quedarse con ellos ya que la situación política era muy difícil y probablemente no quisieran tenerlos.

Aproximadamente al mes su madre fue liberada. No los encontró inmediatamente, pero luego de varias averiguaciones  lograron juntarse,

Luego de reunirse todos, se fueron a vivir cerca de San Cristóbal, y allí estuvieron aproximadamente un año; fue muy difícil la situación debido a los problemas económicos. Volvieron a Laguna Paiva y su madre reconoció a Riulli caminando por la calle. También estaba viviendo allí.

Expresa que se siente  agradecido de poder hablar, quisieran decir más de lo que está diciendo. Su padre siempre pensó que el tiempo y la democracia iban a poner las cosas en su lugar, además, que el sentido común y la justicia les iba a devolver la dignidad y la paz que estos delincuentes les habían robado.

𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗗𝗲𝗼𝗹𝗶𝗻𝗱𝗮 𝗜𝘁𝗮𝘁í 𝗣á𝗲𝘇  - 45 años. 

Su familia fue secuestrada, el 15 de febrero de 1980. Su madre estaba embarazada de ella, se enteró de los hechos siendo adolescente, a través del relato de su madre.

Vivían en Laguna Paiva, su  padre trabajaba en el frigorífico de Nelson y formaba parte del sindicato. Esta actividad comenzó a generarle  muchos problemas y cuando se produjo el golpe de estado  tuvieron que salir de Paiva porque corría peligro su vida y la de su familia,  Así fue  que llegaron a Lima (Pcia. de Buenos Aires)  su papá, mamá y sus dos hermanos más grandes: Mónica y Mario comenzaron a trabajar en una ladrillera.  

El 15 de febrero llegó un grupo de gente, algunos salían de un maizal y entraron violentamente a la casa donde su mamá estaba cocinando. La hicieron arrodillar, la golpearon y un hombre que su madre reconoció como Brusa le preguntaba por su marido. Le decía que hablara y no se dejara pegar. Pero comienzan a pegarle porque ella sostenía siempre lo mismo. María Itatí aún no había nacido, estaba en el vientre de su madre, en el tercer mes de embarazo.

Cuando fue mayor empezó a preguntar y sus hermanos le contaron:

Que su hermano Mario estaba arreglando una bomba de agua, fueron a buscarlo apuntándole. Su hermano tenía 14 años. Su hermana Mónica estaba en la casa de la vecina con sus dos hijos pequeños. Cuando llegó su papá, los subieron a los tres a un vehículo. Ahí comenzó todo el terror: los secuestraron, los torturaron y mis hermanos quedaron solos (no puede seguir), mi hermana siendo una niña se convirtió en madre protectora. Uno de sus  hermanos aún tomaba pecho, estuvo días sin alimentarse porque era su único alimento y su  hermana para consolarlo le ponía el dedo en su boca para que succionara.

Mónica, con todos sus hermanos, tuvo que andar por muchos lugares tratando de encontrar dónde quedarse; pero las personas que conocían vivían en condiciones precarias con muchos hijos y no podían alimentar a tantos niños.

Después de recorrer distintos lugares llegaron unas personas de la Cruz Roja  para alojarlos en sus instituciones. Mónica, con 12 años,  pidió que no los separaran, pero no fue así. La separaron de los varones e incluso no supo a dónde llevaron a los más pequeños.  Aproximadamente al mes su madre recuperó la libertad y los buscó. Se fueron a Esteban Rams y después volvieron a Paiva.

Encontraron la casa destrozada, pero su madre no se dio por vencida y comenzó a trabajar de sirvienta; dejaba a los chicos en una guardaría menos a ella que la llevaba porque era muy chiquita.

Años más tarde su madre le contó a uno de sus hermanos que en el pueblo había una persona que había sido parte del secuestro: Riulli de apellido, una persona muy conocida en Laguna Paiva.

𝗠𝗮𝗿𝗶𝗼 Á𝗻𝗴𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇 . 61 años.

(Se incorporó la filmación de su declaración dada en el Juicio Laguna Paiva I, debido a su estado de salud)

La familia Páez vivía en Laguna Paiva (Santa Fe). Su padre trabajaba en el Frigorífico Nelson y era un activo militante gremial del grupo "La Lucha", defendiendo pacíficamente los derechos obreros.

Mario Ángel se sumó a la militancia pacífica en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) en defensa de las condiciones laborales.  Debido a la persecución política de la dictadura militar, en 1976 la familia debió abandonar su hogar para evitar que el Ejército la ocupara. Durante cuatro años vivieron en la clandestinidad, realizando trabajos rurales en distintas provincias.

El 15 de febrero de 1980, mientras se encontraban establecidos en la zona rural de Lima (Provincia de Buenos Aires) trabajando en un horno de ladrillos, un grupo de más de 20 personas armadas de civil llevó a cabo un violento operativo.

Mario fue sacado a la fuerza de un pozo de agua por un represor de apellido Riulli, quien lo usó como escudo humano. Su madre fue golpeada en el lugar. Poco después, su padre llegó en colectivo y fue esposado inmediatamente.

Los seis hermanos menores  (la mayor de ellos de 12 años y el menor un lactante) quedaron desamparados. Posteriormente fueron asistidos por amigos y la Cruz Roja, sufriendo la separación del grupo familiar.

Nota de la redacción:  ingresó con la foto de su padre, el tribunal pidió que se la saque antes de comenzar a declarar.

CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 4 . Primera parte.

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔

𝗠ó𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗣á𝗲𝘇 - 𝗵𝗼𝘆 59 𝗮ñ𝗼𝘀

La primera en presentar su testimonio es Mónica Páez.

Refiere que en 1980 su padre, su madre y su hermano Mario fueron secuestrados. Fue el 15 de febrero en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires. En las afueras de la misma vivía la familia y trabajaban en un horno de ladrillos. La familia Páez había vivido en Laguna Paiva, entre los años 1976-1977, pero se habían ido porque su padre era perseguido por su actividad como delegado en el frigorífico donde trabajaba. 

Frecuentemente se iban a la casa de una vecina para ver dibujitos en la televisión. Allí estaba con sus hermanos menores la tarde en que detuvieron a sus familiares. En un momento al mirar por la ventana vio que llegaba un grupo de personas armadas a su casa y estaban apuntando a su hermano Mario de 14 años. Luego le contaron que era la policía y que buscaban también a sus padres. 

 Pasaron la noche en la casa de la vecina y al día siguiente fueron a la comisaría de Lima junto con todos sus hermanos y el hijo del dueño del horno en el cual trabajaban sus padres (y también ella y su hermano Mario) para hacer la denuncia. Se la tomaron pero le dijeron que no tuviera muchas expectativas respecto de la aparición de sus padres y hermano.

Al día siguiente se fueron a Zárate donde sus padres tenían  familias amigas y allí se quedaron algunos días, porque frente a lo sucedido no querían tenerlos mucho tiempo. -“La gente tenía mucho miedo”- dice Mónica.

Vuelven a Lima, están dos o tres días y van a buscarlos en una trafic, seguramente de algún organismo oficial, y los trasladan a San Nicolás para llevarlos a hogares de menores. Allí la separan de sus hermanos pese a que les habían dicho que no lo harían. Mónica supone que habrán estado unos 15 o 20 días, no tiene precisión. Va a buscarlos su madre, que ha recobrado la libertad, y después de pasar por Lima para buscar alguna ropa siguen viaje para Esteban Rams a la casa de otro familiar.

Allí comenzaron a concurrir a la escuela. Ella se quedó en la casa de la maestra y sus hermanos iban todos los días a caballo desde la casa de su tía. 

Desde esta localidad venían a visitar a su padre que estaba en el D2 en la localidad de Santa Fe. Posteriormente ella se trasladó a esta localidad donde comenzó a trabajar en la casa de una familia. Cree que su padre estuvo detenido tres o cuatro años en diferentes cárceles hasta que salió en libertad desde  Coronda.

𝗠ó𝗻𝗶𝗰𝗮 𝘁𝗲𝗻í𝗮 16 𝗮ñ𝗼𝘀.

𝗥𝗔𝗠Ó𝗡 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗖𝗜𝗢 𝗣𝗔𝗘𝗭 - 𝗛𝗼𝘆 56 𝗮ñ𝗼𝘀

Relata el secuestro en 1980 .Vivían en Lima donde sus padres trabajaban en un horno de ladrillos. Era cerca del mediodía y estaba jugando a las bolitas en el patio. Escuchó gritos, ruidos, pero no prestó mucha atención ya que en la fábrica siempre había  muchos movimientos y ruido. Hasta que reconoció el grito de su mamá. Salió para la casa y se encontró con muchas personas con armas, escuchó muchos gritos y vio que  llevaban a la madre a la rastra. Recuerda y remarca que estaba embarazada.  

Lo llamaron desde la casa del vecino porque era una situación peligrosa. Escuchó ruidos de cosas rotas dentro de su casa. Vio gente que entraba y salía. Recuerda que había cumplido 10 años el día anterior. Estaban Mónica de 12 años, él de 10, Carlos de 8, Alberto de 6, y los más pequeños no recuerda exactamente las edades. Supone que Ceferino tendría aproximadamente un año y medio y César era más pequeño.

Se quedaron con sus hermanos en la casa del  vecino donde les dieron protección.  Cuando volvieron a su casa ya no estaban sus padres ni Mario, el hermano. Recuerda que estuvieron un par de días con los vecinos. La hermana le dijo que habían ido a hacer la denuncia en la comisaría de Lima. 

 Luego se fueron a Zárate donde había familias conocidas y estuvieron un par de días.   Primero en una casa donde solo había adultos y luego a la casa de otra familia donde había chicos, recuerda que jugaban y finalmente regresan al lugar inicial, Lima. Sus hermanos más chicos se quedaban en la casa mientras ellos trabajaban. Su hermana cocinaba pero también iban al comedor de una Iglesia. Relata el proceso del trabajo en la ladrillería, las conversaciones acerca de qué pasaría con sus padres, y remarca el rol fundamental que jugó su hermana para la supervivencia de todos.

Recuerda si bien con poca precisión el tiempo que estuvieron en el orfanato y la sensación de desamparo que fue separarse de la hermana. Los dos hermanos más pequeños no estaban allí. No recuerda cuánto tiempo estuvieron pero sí que lo fue a buscar su madre.

 Ante la pregunta de si se hablaba de este tema en su familia, responde que no, que se está enterando de muchas cosas recién en esta causa, por ejemplo de que su padre había estado detenido. Estuvieron en Esteban Rams y Huanqueros y finalmente volvieron a Laguna Paiva a la casa paterna.

De su padre sabe que estuvo detenido en diversas cárceles y también en Santa Fe. En la familia no se hablaba mucho de toda esa etapa. Comenta que se está enterando de muchas cosas en esta causa.

𝗥𝗮𝗺ó𝗻 𝘁𝗲𝗻í𝗮 10 𝗮ñ𝗼𝘀.

𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗜𝗴𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗣á𝗲𝘇 - 𝗛𝗼𝘆 53 𝗮ñ𝗼𝘀

Comienza diciendo que parte de su familia fue secuestrada en 1980. Fue el 15 de febrero en Lima, provincia de Buenos Aires. Su padre trabajaba en un horno de ladrillos. Llegó un grupo de gente de civil. Estaba con sus hermanos en la casa de un vecino cuando vio cómo sacaban a su madre de los pelos junto con su padre y su hermano y los subían a un camión. Ellos se quedaron con el vecino. Al otro día van a la casa y se encuentran con que prácticamente todo había sido destrozado. Recuerda que pensó qué harían con su vida solos, tampoco sabía lo que pasaba. No tenían dinero, comían lo básico gracias a la gente que les dio una mano.

Luego su hermana Mónica, que era la mayor, los llevó a todos a Zárate donde están dos días, ya que más no los podían tener. Luego a la casa de otra familia donde están tres o cuatro días pero tampoco los podían tener, así que vuelven a Lima (le cuesta hablar, se emociona mucho)

Recuerda que cuando volvieron a Lima estaba todo destruido, colchones, muebles…juntaban lo que podían y dormían todos juntos

Sus hermanos mayores comenzaron a  trabajar nuevamente en la ladrillería, él se quedaba cuidando a los más chicos y luego iba a la ladrillera para ayudarlos. 

Recuerda que los buscaron y los llevaron a un internado. Estuvo con Ramón y Alberto. Otros con una familia y otros en otro internado.

Su madre faltó un mes y pico y luego los fue a buscar. No recuerda donde estuvo la madre.

Hasta sus cuatro o cinco años vivieron en Laguna Paiva, pero debido a que su padre pertenecía a un movimiento político o algo así, se fueron a Esteban Rams a un campo de un familiar y estuvieron un año aproximadamente. Allí pudieron ir a la escuela por un año.

miércoles, 13 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 3

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

L𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭 𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗧𝗘𝗕𝗔𝗡 𝗥𝗔𝗠𝗦

Comienzan los testimonios con el de GRACIELA RITA PAEZ, ahora de 62 años. Cuenta que vivían a 30 km de Esteban Rams, localidad al noroeste de la provincia, Departamento 9 de Julio.  Su familia trabajaba un campo donde criaban animales (chivos, chanchos, vacas) y algo sembraban. Allí vivían su papá, su mamá y sus hermanos. Su casa consistía en un galpón de chapas, dividido adentro por otras chapas y que tenía ventanas en el dormitorio. En febrero de 1980 ve que llegan varios autos, entre ellos una camioneta que llevaba gente armada. Los hacen salir, los rodean y les dicen que levanten las manos. 

A ella la suben a uno de los autos y la llevan hasta la entrada del campo y luego la regresan. Allí la desnudan, la tapan con una sábana mojada y le pasan “máquina” (según sus propias palabras), siempre atada de pies y manos. Aclara que en su casa no había ni luz ni agua. Luego la hacen vestir y la dejan esposada a una garrafa. Luego le preguntan por el tío más chico, Cata (Catalino). Ella no sabía nada. 

A la tarde, luego de estar toda la mañana ahí, parten, según supo después, a Santa Fe, donde llegan de noche. A ella la meten en un cuartito, siempre atada y vendada, donde escucha a alguien que pide agua y que el policía contesta: si te doy agua quedás pata dura. Cree que sube escaleras. Los recuerdos se vuelven confusos, no recuerda la cantidad de días que está allí.

Después la trasladan a una comisaría, no puede precisar cuál. Le dieron comida y según su recuerdo, la trataron humanamente. Le dijeron que no cuente cómo había sido el trato ni que comía con ellos. Otro día la vuelven a vendar y la llevan, no puede precisar dónde, duerme y come con los ojos vendados.

𝗚𝗥𝗔𝗖𝗜𝗘𝗟𝗔 𝗧𝗘𝗡𝗜𝗔 15 𝗔Ñ𝗢𝗦

En ese lugar había mujeres, se da cuenta cuando estas hablan. Escucha a su mamá. Se encuentra con ella, sus hermanos y su tía Juana. Nadie sabía dónde estaban. Mucho después se entera que era el “dos” según dice (se trata del D2-Departamento de Informaciones de la Policía) y que el hombre que pedía agua era su padre. Perizzotti los lleva a ver al padre (Miguel) y les dice que si hubieran caído un poco más atrás, estarían en una tumba. Luego, los llevan a todos de vuelta al campo. A ella en un auto que hace varias paradas dejando recados y al resto en colectivo. Cuando llegan a su casa, ésta era una tapera abandonada. No quedaba un solo animal, no siquiera los perros que tenían. Los yuyos habían cubierto todo y adentro no quedaba ni un cuchillo.

“𝙈𝙞 𝙢𝙖𝙢á 𝙦𝙪𝙚𝙙ó 𝙘𝙤𝙣 𝙢𝙞𝙚𝙙𝙤. 𝙑𝙚í𝙖 𝙡𝙪𝙘𝙚𝙨 𝙮 𝙨𝙚 𝙚𝙨𝙘𝙤𝙣𝙙í𝙖, 𝙨𝙪𝙛𝙧í𝙖 𝙥𝙚𝙨𝙖𝙙𝙞𝙡𝙡𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝙫𝙚𝙣í𝙖𝙣 𝙖 𝙗𝙪𝙨𝙘𝙖𝙧“. Ella, a su vez, se casó a los 17 años y tuvo un hijo. Este tenía 4 o 5 años y ella también se escondía.

Al papá lo siguen torturando y lo llevan hasta una ladrillería (ella no sabe dónde) para que vea cuando lo detienen a su hermano Catalino. Un año y medio después, lo dejan en libertad.

En uno de los lugares donde estuvo había un “doctor” que escribía a máquina y que, levantándole un poco la venda, le hizo firmar varios papeles. Ella no leyó qué contenían.

En ese punto, el Fiscal pide que le muestren una serie de papeles firmados para ver si reconoce su firma. Hecho esto, ella dice que sí, que estos eran los que le hizo firmar “el doctor”. (Víctor Hermes Brusa era en ese momento asistente de la Secretaría del Juzgado Federal de Santa Fe y era quien hacía firmar declaraciones a lxs detenidxs).

LOS PÁEZ MEDINA DE ESTEBAN RAMS: 𝗣𝗮𝗽á: 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹 𝗣á𝗲𝘇. 𝗠𝗮𝗺á:  𝗘𝗹𝗯𝗮 𝗠𝗲𝗱𝗶𝗻𝗮. 𝗛𝗶𝗷𝗼𝘀: 𝗚𝗿𝗮𝗰𝗶𝗲𝗹𝗮 (15 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹 (9 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗝𝗼𝘀é 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗶𝗮𝗴𝗼 (7 𝗮ñ𝗼𝘀), 𝗥𝗼𝗱𝗼𝗹𝗳𝗼 (5 𝗮ñ𝗼𝘀).

𝗝𝗢𝗦𝗘 𝗦𝗔𝗡𝗧𝗜𝗔𝗚𝗢 𝗣𝗔𝗘𝗭

 Nació el 19 de junio de 1974. Tenía 6 años en 1980 cuando llegaron 4 vehículos hasta el campo donde vivían en Esteban Rams. Los detuvieron (con las manos  levantadas)  los llevaron a una represa que había allí. Después, él recuerda que agarraron 2 o  3 chivos e hicieron un asado.

Los llevaron en una camioneta cerrada a su mamá y a ellos. La hermana en otro móvil. Cree que llegaron a la Guardia de Infantería Reforzada (GIR). También estaban las tías Juana,  y Tomasa, Ramona y Negra encerrados y con la amenaza de que los niños no hagan ruido. Estuvieron 3 meses en ese lugar, luego los llevaron a Ceres y de allí nuevamente al campo. Les habían robado todo, no quedaba nada. Algunos animales los había llevado un vecino y a ellos los pudieron recuperar.

Recuerda que al papá  lo estaquearon en un catre y a la hermana la ataron a un árbol y que había 20 personas, más o menos. Al papá lo volvió a ver después de 2 años. Preguntándole si reconocía a alguno de los integrantes del operativo, cree que uno era Riuli. Estaba de civil y tenía una gorra con un pescado rojo y negro. La mesa de su casa estaba llena de ametralladoras. Buscaban armas que allí no había.

𝗧𝗘𝗡ï𝗔 6 𝗔Ñ𝗢𝗦

𝗠𝗜𝗚𝗨𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗘𝗭

Nació el 28 de enero de 1972. En febrero de 1980 vivía con sus padres y hermanos en el campo de Esteban Rams. Durante el procedimiento, había armas por todos lados. Eran policías y gente de civil, los primeros tenían uniforme gris. En su casa tenían tazas de metal para el desayuno, ellos las agarraron, las ataron a un poste y se entretuvieron haciendo tiro al blanco. Además, les dieron de comer del chivo carneado.

Al papá lo picaneaban en el galpón y a la tarde los traen a Santa Fe. En la parte de atrás de la camioneta donde venían, había bastantes ramas: su mamá le dice que vea si no está su papá allí. Él remueve unas ramas y ve a su papá que lo miraba fijamente. No puede contener las lágrimas ante este recuerdo.

Llegaron de noche y los esperaba Perizzotti y un tal Molinas.

Cuando volvió, recuerda que la maestra lo abrazaba y le decía que no se preocupara, iba a una escuela rural. 

En sus recuerdos, cree que estuvo 3 meses en la GIR. A su padre lo volvió a ver 2 años después. Como los demás, recuerda el campo como una tapera desolada y sin nada. Recuperaron algunos animales. 

Recuerda que a Riuli lo vió en un afiche una vez que viajó a Laguna Pasiva y lo reconoció: durante un procedimiento iba de jean, remera y una gorra de Colón.

A medida que afloran los recuerdos, las emociones suben a sus ojos inevitablemente.

𝗧𝗘𝗡Í𝗔 8 𝗔Ñ𝗢𝗦

𝗥𝗢𝗗𝗢𝗟𝗙𝗢 𝗛𝗜𝗟𝗔𝗥𝗜𝗢 𝗟𝗘𝗠𝗢𝗦

Nació el 21 de octubre de 1975. Si bien no es hijo biológico de la pareja Páez-Medina, siempre fue criado como tal y sus hermanos no hacen ningún tipo de distinción. En 1980, según sus recuerdos, llegan 10 autos de donde baja gente armada, apartan a la mamá, al papá y a la hermana mayor y a ellos los encierran en una piecita donde guardaban cosas. Recuerda, igual que los demás, el viaje por la tarde y llegar de noche a Santa Fe. Lo despiertan los ruidos de la ciudad, a los que no está acostumbrado. En el lugar donde está, no están solos: hay varias tías y también primos. Están encerrados y la comida la pasan por una “ventanita”. Cuando hacían ruido, los hacían callar.

A la vuelta al campo, relata la misma desolación que sus hermanos. Ni los perros habían quedado. No recuerda cuándo volvió el padre. Sí que sus primos vinieron a vivir allí un tiempo por necesidad: no tenían mucho, pero lo que había, se repartía.

𝗧𝗘𝗡Í𝗔 5 𝗔Ñ𝗢𝗦 

martes, 12 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 2

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦.

Por El Colectivo de la Memoria

𝗟𝗢𝗦 𝗣Á𝗘𝗭-𝗠𝗘𝗗𝗜𝗡𝗔 𝗗𝗘 𝗘𝗦𝗣𝗘𝗥𝗔𝗡𝗭𝗔

El martes 12 de mayo de 2026 en la sala de audiencias de Tribunal Oral Federal de Santa Fe declararon los integrantes de la familia Páez-Medina: María Ceferina Páez viuda de Medina y sus hijos,  María Susana, Ramon Nicasio y Miguel Santiago.

Se toma la palabra de los acusados donde se le pregunta: si van a declarar. El señor Brusa es el único que acepta, los otros se niegan a hacerlo.

Se hace pasar en primer lugar a la señora 𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗲𝗳𝗲𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗣á𝗲𝘇 𝗱𝗲 83 𝗮ñ𝗼𝘀.

María cuenta que en la madrugada del 8 de febrero de 1980 un numeroso grupo de personas, algunas con uniformes otros de civil portando armas de todo tipo, ingresan violentamente en la casa donde vivía en Esperanza con sus hijos.

Responde con mucha seguridad, apoyada contra el respaldo de la silla se reafirma con cada palabra que dice, hace gestos y acompaña su voz firme con movimientos de manos. La señora mayor que había entrado tímida con ropas sencillas de mujer campo, estaba en ese lugar detallando con mucha nitidez cada cosa que decía.

Los militares y policías que habían entrado a su casa esa madrugada a los gritos y empujones, rompieron muebles buscando cosas delante de los hijos pequeños que aterrorizados no entendieron que es lo que pasaba.

María clavaba la mirada en fiscales y defensores, como queriendo  reafirmar que todo sería escuchado. Puesta un poco de costado daba la impresión de pararse en cualquier momento para asegurar sus dichos.

Los secuestradores en 1980 empezaron el periplo de horrores y abusos colocándole la capucha y los primeros golpes. Los niños quedaron solitos en esa casa a merced de su propia protección. En la comisaría de Esperanza los golpes y preguntas prosiguieron. Desde Esperanza es trasladada a Santa Fe y en un lugar que no pudo identificar la golpean y la violan reiteradamente.

El detalle preciso de María de las atrocidades a que era sometida conmocionaba el ámbito del recinto del juzgado federal, cada vez que hablaba el silencio se hacía más evidente.

María desde que la sacaron de su casa estuvo varios días sin comer ni beber, en esos momentos terribles la mayor parte del tiempo encapuchada y esposada. Pidió ir al baño y cuando la llevaron tomó de su propio orín para calmar esa sed de varios días. Luego la seguidilla de golpes y preguntas en un calabozo lleno de coágulos y manchas sangre. Las violaciones fueron todas las noches, también en el momento que iba al baño.

En el juzgado María contó todo y no eran palabras lanzadas al azar sino certeras hacia quienes les hacían las preguntas.

Cuenta que siguieron los traslados para un lado para otro y ella trataba de ver quienes habían sido sus torturadores y violadores. Identificó a Perezotti y Riuli. Después de 1 año y 8 meses fue liberada y pudo reencontrarse con sus hijos. En el patronato de liberados de Esperanza se entera que tenía una condena firmada por el juez Brusa.

María en el tribunal decía, —pregunten, pregunten lo que quieran— para que no quedara duda de lo que había dicho.

Llegó el turno de declarar a los hijos, 𝗦𝘂𝘀𝗮𝗻𝗮, 𝗥𝗮𝗺𝗼𝗻 𝘆 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹.

Pasó algo curioso y terrible. No eran personas de más de cincuenta años que declaraban. La historia retrocedía a esa madrugada del 8 de febrero de 1980. Ellos en su vulnerabilidad de niños notaban que esos hombres violentos se llevaban un pedazo de carne suyo: la madre. En esa orfandad que no buscaron, encontraron refugio en el abrazo de hermanos y esto los sostuvo unidos en el tiempo.

Expuestos en el tribunal, las palabras salían con mucho esfuerzo, era un acicate que los lastimaba, brotaban lágrimas y sollozos. Ellos tenían muy claro dos cosas: tener a la madre y cuidarse entre ellos.

Lo otro no importaba, no venían a señalar a nadie ni recordar tormentos, aunque los mencionaron. Susana contó como la violaban cuatros personas arriba de una mesa cuando la trasladaron a Santa Fe, de a uno iban pasándosela, uno de ellos uniformado. Cuando se cansaron de hacerle preguntas que no tenían respuestas y violarla la llevaron donde pasaba el colectivo a Esperanza y la subieron para que la dejen en esa ciudad.

En un momento le preguntan a Miguel si sabía cuantas personas habían entrado a su casa. Contesta con ironía triste — tenía seis años.

En la audiencia hubo un solo momento en que el rostro de Susana ya rojo de tensión y nerviosismo esbozó una sonrisa. A la pregunta de cómo sobrevivieron sin los padres, sonrió y dijo, — teníamos un canuto— y con las manos nerviosas hizo el gesto de un rollo refiriéndose al dinero guardado. Compraron algunas cosas y con otras que tenían fueron resistiendo al desamparo. Después el rostro se tensó de nuevo. Cuando le agradecieron porque no había mas preguntas y terminaba el acto. Susana salió casi corriendo y en el pasillo dijo —¡no podía más estaba por explotar! se refugió en los brazos abiertos de Norma Ríos que la esperaban , se abrazó fuerte y el llanto derramó sin ataduras.

martes, 5 de mayo de 2026

 CRÓNICAS DE UN JUICIO HISTÓRICO - Día 1

𝗝𝘂𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗟𝗮𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗶𝘃𝗮 𝗜𝗜 - 𝗖𝗿í𝗺𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗰𝘁𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮: 𝗡𝗨𝗡𝗖𝗔 𝗠Á𝗦

Por el Colectivo de la Memoria

5 de mayo. Primera audiencia. En la calle y dentro del tribunal un mismo clamor: Crímenes contra infancias en dictadura NUNCA MÁS.

En este juicio se juzga la responsabilidad de los ex-policías de inteligencia Eduardo Enrique Riulli, Oscar Alberto Cayetano Valdez, y Antonio Parvelotti, junto con el ex-secretario judicial Víctor Hermes Brusa.

Este proceso ”Laguna Paiva II” se desprende de la causa conocida como “Laguna Paiva” en la que fueron condenados en 2021 seis policías provinciales por privaciones ilegítimas de la libertad y tormentos agravados. 

En esta nueva causa se incorporan hechos y se analizan responsabilidades penales desplegadas principalmente entre febrero y junio de 1980 en distintas localidades, entre ellas Laguna Paiva, Esperanza, Ceres, Santo Tomé y la ciudad bonaerense de Lima. Es además la primera vez que se tratarán  delitos de lesa humanidad cometidos contra las infancias durante la última dictadura.

Salvo dos o tres personas todos los asistentes como público en el juicio son protagonistas o familiares de los mismos. Posiblemente estos jóvenes que lo están presenciando  hayan sido alguno de esos niños que quedaron librados a su suerte en medio de la hostilidad de aquella época de terror…

Así mismo se acuerda con la querella el cronograma de audiencias siendo las próximas el martes 12, miércoles 13 y jueves 14 de mayo a partir de las 9.

 Crónicas de un juicio histórico - Día 10 - Alegatos de la querella y del Ministerio Público Fiscal 𝗝𝗨𝗜𝗖𝗜𝗢 𝗟𝗔𝗚𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗜𝗩𝗔 𝗜...